**Capítulo 4**
—¿Cuál es tu plan, Volka? —inquirió Luciano mientras se sentaba en la silla vacía frente a mí.
—No puedo dejarla ir; ella es mía, está destinada a mí —suspiré con pesadez.
—Es poco común que una humana sea la compañera de un alfa. Normalmente se emparejan con omegas, guerreros o incluso betas, pero con alfas... es raro, no ocurre a menudo.
—Lo sé. La última vez que sucedió fue hace un siglo, en la manada Costa Azul. Desde entonces, no he conocido a otra humana emparejada con un alfa —lo miré intensamente.
—Cierto, la manada Costa Azul es la segunda más poderosa después de la nuestra.
—Espero que esto no sea un error. ¿Podrías ir a ver si ya se ha despertado? Ha pasado un tiempo —dije, observando mi reloj; habían transcurrido dos horas desde que los encerramos, y con el humano nos habíamos demorado 20 minutos, pero ella seguía inconsciente. Luciano asintió y se levantó para marcharse.
No pasaron más de cinco minutos cuando Luciano la trajo a mi oficina. Ella cayó de rodillas frente a mí.
—¿Qué haces en mi territorio, humana? —gruñí. Ella no respondió; se levantó tambaleándose, mirándome fijamente con sus ojos color avellana, que brillaban intensamente. Mi corazón comenzó a latir más rápido; esta humana me estaba sacando de mis casillas.
—Te hice una pregunta —golpeé el escritorio, y vi cómo su cuerpo se erizaba.
—Solo veníamos a tomar algunas fotos. Caleb es fotógrafo y yo era su modelo, señor —tartamudeó.
—¿Tú? ¿Modelo? —solté una risa estruendosa—. Solo mírate, humana —la señalé con el dedo—. Ese novio tuyo no tiene buen gusto —me burlé, sin comprender por qué había dicho eso; la idea de que ese tal Caleb la tocara o la besara me irritaba.
—Él no es mi... —levanté la mano para interrumpirla.
—No me interesa, humana. —Ella bajó la mirada, centrando su atención en sus pies mientras jugueteaba con sus manos.
—Por favor, señor, déjenos ir; no volveremos nunca más —exclamó en un tono elevado.
—Eso será imposible —golpeé el escritorio de nuevo.
—¿Por qué, señor? No le diremos a nadie sobre este lugar, le doy mi palabra. Si quiere, puede revisar las fotos en la cámara de mi compañero —habló en un susurro.
—¿Tu compañero? —gruñí—. ¿Desde cuándo están juntos? —pregunté acercándome a ella. Su aroma llenaba la oficina.
—Señor, desde pequeños; sus padres me acogieron como a su hija —respondió, sin retroceder.
—Eso no responde a mi pregunta —dije, inclinándome hacia ella, sintiendo su aliento cálido y poderoso envolviéndome—. Te pregunté si hay algo más entre ustedes.
Mi corazón latía con fuerza, y por un momento, la idea de perderla era aterradora.
—No, señor —responde finalmente, con voz temblorosa—. Solo somos amigos.
Un silencio denso se apoderó del ambiente.
—¿Y qué te hace pensar que puedes ingresar a mi territorio sin permiso? —pregunte, mi tono de voz volviéndose más amenazante.
—No lo sabíamos, lo prometo. Solo queríamos disfrutar de la naturaleza y tomar fotos. No teníamos idea de que esto era… —se detuvo, buscando las palabras adecuadas— … su hogar.
—Mi hogar es sagrado. No permito que los intrusos lo profanen, especialmente humanos como tú.
De repente, un eco de pasos resonó en el pasillo, mi beta apareció , con una expresión tensa.
—Alfa Volka hay un problema —dijo, su voz grave y urgente.
me volví hacia amanda, que aún miraba sus pies y aunque no podía ver su rostro, sentí la tensión elevarse en la sala.
—¿Qué ocurre? —pregunte, mi voz sonó más grave que lo normal.
—Los otros están inquietos. Han sentido la presencia de humanos en la frontera y temen que se descubra nuestro secreto —informó mi beta, echándome una mirada de reojo a amanda.
volví a mirar a Amanda, pero está vez, con una chispa de curiosidad.
—Parece que has traído más problemas de los que imaginabas, humana. Tu presencia aquí puede poner en riesgo a toda nuestra comunidad —dije
—No queríamos causar problemas, se lo prometo —me suplico, podía sentir la desesperación apoderándose de ella—. Solo deseamos salir de aquí.
me cruzó de brazos, mientras fijo mi mirada en ella.
—¿Y si te dijera que tu vida ahora depende de tu capacidad para convencerme de que no eres una amenaza? —pregunte, en tono desafiante.
—¿Qué puedo hacer para demostrarlo? —responde.
—Tendrás que ayudarme. Necesito saber qué estás dispuesta a arriesgar por tu amigo y por tu propia vida —dije, sin dejar de mirarla.
—Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario. Caleb y yo solo queríamos capturar la belleza del bosque, pero si eso significa ayudarles a protegerlo, lo haré —dijo, tratando de infundir seguridad en sus palabras.
en mi rostro se formo una sonrisa, aunque no una sonrisa amable.
—Muy bien, Amanda. Tendrás la oportunidad de probar tu lealtad. Pero ten cuidado con lo que deseas, porque en este mundo, las promesas pueden convertirse en armas de doble filo.
El aire se volvió denso, cargado de tensión. Amanda me miraba con una mezcla de desafío y temor, como si pudiera leer mis pensamientos más oscuros. La idea de que ella pudiera ser una aliada me dejaba inquieto; los humanos siempre habían sido una incógnita, y su naturaleza era, en muchos sentidos, impredecible.
**AMANDA KING**
—Entonces, cuéntame, Amanda, ¿tienes una relación con tu amigo? —se acerco a mi, intrigado.
Parpadeó, visiblemente confundida. ¿De dónde venía esa pregunta? ¿Quién se creía? Primero, me lanza amenazas y luego indaga sobre Caleb. ¿Qué demonios?
—¿Estás loco? ¿Quién te crees? Primero pones en riesgo mi vida y me exiges lealtad, y después haces esas preguntas —exclamé, furiosa. Una rabia incontrolable crecía dentro de mí.
—Puedo hablarte como me plazca. ¡Esta es mi casa! —se plantó frente a mí, furioso, tan cerca que podía sentir su aliento.
—No si me insultas — desafié. Me sentía extraña; no era una chica problemática, pero su irresistible aroma me envolvía. No sabía si era su colonia o simplemente él olía maravilloso.
—¿Es mentira? —arqueó una ceja.
—¿Y qué te importa? No eres nadie para pedirme cuentas sobre a quién follo—le respondí, cansada de su actitud.
—Claro que me incumbe —su tono era amenazante.
—¿Por qué? No eres nada para mí, solo un loco obsesionado con proteger su hogar —la tensión entre nosotros era evidente.
Apretó la mandíbula con tal fuerza que podía escuchar cómo sus dientes crujían. Retrocedió un paso, cerró los ojos un momento—Lo siento, tienes razón, no me corresponde a mí a exigir saber con quién follas, pero lamento informarte que ni tú ni tu querido amigo podrán irse.
—¿Por qué? No puedes mantenerme prisionera solo porque hemos pisado tu territorio; eso es ilegal —me acerqué nuevamente, sin dejar espacio entre nosotros. Algo magnético me atraía hacia él.
—En mis tierras, esas leyes no aplican. Hay un tratado con tu gobierno que data de hace miles de años. —Observé cómo una sonrisa se dibujaba en sus labios. ¡Dios, es increíblemente guapo!
No, Amanda, él quiere secuestrarte.
—¿Un tratado con mi gobierno? Estás loco, somos del mismo país —me burlé.
—Lo sé, pero pertenecemos a diferentes especies —arqueó una ceja. ¿Diferentes especies?
—¿Eres un extraterrestre? —me reí—. Bienvenido a mi mundo —imité una voz extraña. Mi risa creció y no podía creer que me encontraba atrapada con este hombre que se creía de otro mundo. Pero al mirarlo, su expresión era seria, sin un ápice de risa.
—¿Me hablas en serio? ¿De verdad piensas que soy un extraterrestre? —dije, limpiando una lágrima de risa.
—Eres muy sarcástica, ¿lo sabías? —me respondió con desdén.
—Lo sé —le sonreí tras mis burlas y lo miré fijamente—. ¿Podemos irnos? Es un viaje largo y quiero regresar a casa, señor. ¿Cuál es tu nombre?
Hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida; había algo en él que me atraía irremediablemente.
—Volka Valencia —respondió.
—Bien, señor Volka, ¿podemos irnos? —asentí con la cabeza.
—Ya te lo dije, no puedes salir de mi man... mi casa; no tienes permiso —me tomó por la barbilla.
—¿Por qué? —susurré, nuestras caras tan cerca que podía sentir su aliento.
—Porque eres mía, Amanda. —Sentí como si miles de mariposas revoloteaban en mi estómago. ¿Qué estaba pasando? Me sentía extraña. Lamiendo mis labios, tragué con dificultad—. No hagas eso, me tienta; no puedo resistir mucho tiempo. —Retrocedió un paso y vi cómo su mirada se oscureció en un instante.
Y yo tragué nerviosa. ¿Cómo pasé de estar asustada a tener el valor de gritarle y sentirme, además, atraída por él?
En cuestión de segundos, el hombre de ojos verdes entró en la oficina.
—Luciano, llévala a una de las habitaciones del tercer piso y encierra a su amigo en las del segundo —sus ojos dorados se tornaron oscuros.
—Sí, Volka. Sígame, por favor, señorita Amanda —dijo con un tono calmado.
—¿Ahora me tratas con cariño? Vaya, ustedes son unos locos —Dios, ¿qué me pasaba?
Él solo sonrió y comenzó a caminar. Sin pensarlo, lo seguí. Al parecer, estábamos en el primer piso; la oficina se hallaba al pie de las escaleras. Al llegar al tercer piso, me sentía agotada; este hombre parecía correr, aunque solo caminaba.
—Demonios, necesito hacer ejercicio. ¿Por qué no hay más pisos? —dije sarcásticamente, deteniéndome para recuperar el aliento.
—Solo son tres pisos, Amanda, pero pronto te acostumbrarás —se burló.
—Claro que no; en cuanto pueda, me escaparé de aquí. Quizás ustedes son los locos que desean experimentar con mi amigo y conmigo.
—Amanda, jamás podrás huir de aquí; Volka nunca lo permitirá. A donde vayas, él te encontrará; le perteneces —dijo mientras abría una gran puerta de madera.
—¿Qué dices? No soy un juguete, no le pertenezco a nadie, maldito lunático —gruñí.
—Volka te explicará todo mañana por la mañana. Ahora descansa; son casi las cinco de la madrugada y necesitas recuperar fuerzas. Te ves agotada —dijo, evaluándome de pies a cabeza.
—¿Y tú no te has mirado en el espejo? —lo fulminé con la mirada.
—Claro, me veo fatal por tu culpa y la de tu amigo, por invadir nuestro territorio. Ahora, adiós, Amanda. Nos vemos en un rato —se despidió Luciano con una sonrisa burlona.