-Sé que no podré ver nunca más mi apariencia pero, por favor, cúbrelo -pido, en un sollozo lastimoso. -Pero, Eli. Tu cabello se ve bien así. No importa si es largo o es corto. Te ves... -¡No! -corto a Carol de tajo-. Sólo... Sólo haz lo que te pido. Silencio por un rato. -De acuerdo. En cuanto pongo un pie dentro del lugar, una ola de emociones me embargan, eso, y el latir desbocado de mi corazón. Estar dentro de este lugar que alguna vez perteneció a mi madre, atrae recuerdos, no muy lejanos, a mi memoria. La florería huele a olvido y encierro. Tiene un aroma característico de algo que fue abandonado y nadie ha tocado en muchos años. Y eso, me causa nostalgia. Causa que mi pecho se oprima con fuerza, y que un nudo, lleno de algo que no soy capaz de reconocer en este momento,

