El beso sabe a paz, a calma; a tranquilidad y estabilidad. Así que me permito disfrutarlo; me permito, también, absorber toda la paz que el beso me brinda; toda esa protección, esa calma y seguridad. Y, por alguna razón, este beso transmite ese mensaje que dice: no voy a soltarte. Cuando siento que mis pulmones colapsarán si no me separo de Evan, es cuando rompo el beso para tomar una gran bocanada de aire. Mi respiración es irregular y mi corazón golpea con fuerza contra mis costillas de forma violenta. —No tienes una idea de cuanto me gustas —murmura Evan, y mi pecho se estruja con fuerza y se caliente de una emoción poderosa. Se me infla el pecho de la alegría inevitable que siento; y tampoco puedo evitar sonreír con lo que acaba de decirme. Presiono un poco nuestros labios, antes

