Soy consciente de los pasos que suenan detrás de mí, cautelosos. Advirtiendo que ya sabe sobre la presencia de Alanis frente a mí. Estoy segura —casi segura— de que se trata de Evan, que seguro escuchó la voz de aquella chica, y es probable que advierta que, también, puede que sólo venga a hacerme daño. Como acostumbra a hacer. Confirmo la presencia de Evan en cuanto su perfume masculino golpea de lleno mis fosas nasales. Y eso, me hace sentir un poco más segura de lo que me sentía hace unos segundos. Mi mano aprieta el bastón que sostengo, con fuerza. Tanta, que los nudillos me comienzan a doler y me imagino que quizás, igual, se han puesto blancos. —¿Qué haces aquí, Alanis? —masculla Evan, en su dirección. No hay que ser un genio para darse cuenta que comienza a molestarse por la p

