AIDEN Ya me tenían hasta la madre. —¡¿Qué carajos quieren ahora?! —solté, reventándome la garganta de tanto gritar, aunque dudaba que me escucharan. La habitación helada era un asco. No podía ni moverme sin que el frío me calara los huesos, y esas risas lejanas me taladraban la cabeza. Y no hablemos de la mierda que me daban de comer. Todo era un desastre y yo estaba al borde de mandar todo al carajo. Ni idea de cuánto llevaba encerrado. Me quitaron el teléfono, el reloj, todo. Me sentía como un imbecil contando las horas en mi cabeza, pero ya había perdido la cuenta hace rato. Solo me quedaba pensar que Lily y Oliver estaban afuera, moviendo cielo y tierra para encontrarme. Al menos quería creerlo. * LILY —¿Otra vez nada? —soltó Oliver mientras yo, por décima vez, marcaba el número

