AIDEN Desperté hecho mierda. La cabeza me explotaba como nunca en mi vida. Ni bien empecé a moverme, noté que algo andaba muy mal: intenté frotarme las sienes, pero las manos ni me respondían. Estaban atadas, bien a la espalda. —¿Qué carajos...? —murmuré mientras abría los ojos, lento. La vista me volvió de a poco. Apenas pude enfocar algo, me di cuenta de que estaba tirado en el suelo de un cuarto oscuro. ¿Qué veía? Nada. Una ventana tapada y una puerta cerrada que ni cerradura tenía. Seguro trancada con una tabla por fuera, como si fuéramos animales. Mientras me acostumbraba a la oscuridad, los recuerdos me pegaron como un batazo: sali de la casa de Paula, después... todo n***o. Y ahora acá. —Mierda, esto se puso feo —susurré, más para mí que para alguien más, porque no había ni un

