LILY Lo tenía justo enfrente, y todavía no me cabía en la cabeza lo que estaba pasando. —¿Qué carajos estás diciendo? —le solté, confundida como nunca. —¡Ni sueñes que te vas! —añadí, ya sin disimular el coraje. ¿Él no me dejó largarme cuando quise? Pues ahora me toca a mí hacerle lo mismo. Qué se joda. —Lily, en serio… sí me quiero ir —intentó decir con voz suave. —No. No te vas. Siéntate de una vez. Yo llevo tu maleta —le dije mientras me agachaba a agarrar esa cosa pesada. —Yo la cargo —intentó meterse. —Ya te dije que no. Siéntate, Oliver. Alzó las manos como rindiéndose. —Bueno, bueno… —y volvió al sillón. Yo, con la maleta entre las manos, la arrastré por el pasillo hasta su cuarto. La dejé caer cerca de la cama y pum, me cayó sobre los dedos. —¡Puta madre! —murmuré entre

