LILY Bien, era sábado. El día de la boda había llegado. Estaba nerviosa y ansiosa. La cocinera me trajo el desayuno a la cama pero no tenía hambre, sentía que no me pasaría la comida por los nervios. Hoy por la noche Oliver sería mi esposo. —Tiene que comer, señorita, luego será peor estar con el estómago vacio. Imagínese y se desmaya en medio de todos. Tenía razón. Debía comer. Comí un poco del desayuno. El jardín estaba muy listo, Oliver quiso que hicieran la boda aquí porque la casa era enorme y el jardín también. Todo estaba preparado para el día. La maquilladora llegó después junto con la peinadora. Empezaron a arreglarme el cabello y maquillarme. Poco a poco fueron llegando los invitados a quienes no conocía, solo Oliver sabía quienes eran. Algunos me saludaban y otros casi no.

