—A mí no me culpes de nada, yo no sabía que tu hija tenía un novio escondido —le responde Guillermo defendiéndose— aquí los culpables son ustedes por apoyar lo que estaba haciendo esa muchacha desvergonzada. —Ella no tenía por qué avergonzarse por estar enamorada —le replica Claudia, muy alterada— vergüenza debía darte a ti, ante tu hija por querer casarla con un hombre que no conoce. —A propósito de eso, he decidido que en un semana se casara —le dice Guillermo muy decidido— ella no tiene ningún problema para casarse; le avisare a mis compadres y a mi ahijado, para que sigan los preparativos de la boda —¡Tu si eres desconsiderado! —le grita Claudia, muy enojada— al menos debías esperar que ella recupere la memoria. —Ella no necesita recordar nada para casarse —le responde Guillermo

