—Que miserable eres, Guillermo —le dice Claudia, mirándolo con odio— ojala no recibas tu castigo por ser tan injusto y cruel con tu hija. —Ya Karina se va a casar, y no tendrá oportunidad de deshonrarme —le dice el con semblante burlón— y por Valentina, meto las manos en la candela; todo lo que está haciendo, me honra y enaltece mi nombre; por eso estoy tan orgulloso de ella; estamos hablando mucho, mujer, dile a tú hija que salga, porque su marido la espera en la iglesia. —Espera un poco, que aun e temprano, ya va a estar lista —le responde ella — nosotras nos iremos detrás de ti, con Edgard, a presenciar la ceremonia donde tú le causaras la más grande infelicidad a tu hija. —Bueno Karina, hija mía, no tiene caso seguir retrasando esto, que es inevitable —le dice Claudia, abrazándol

