Días después, Edgard llevo a Karina a la ciudad, como había pedido Guillermo, iba acompañada por su madre; fueron a una tienda de confección de vestidos de novia. Karina estaba muy triste, y no tenía ánimo para escoger un vestido. Hija, debes escoger un vestido y probártelo, para eso hemos venido; sino lo haces, tu padre, ira a buscarte, y te obligara a escoger uno. —Escógelo tu mamá, a mí me da igual cómo vaya vestida ese día —le dice Karina— si no escogí el novio para casarme, tampoco me interesa escoger vestido; escoge uno que sea muy sencillo, lo que menos deseo, es ponerme bella para un hombre que no conozco, ni amo. Después de escoger un vestido, sin mucho ánimo, volvieron a la hacienda, y mientras transcurría el tiempo, Karina se entristecía mas cada día; deseaba que aquel

