A las tres de la mañana, Claudia y Tomasa se levantaron muy sigilosas; Tomasa acompaño a Claudia hasta la salida y luego serrando por dentro, se quedó pendiente, Ya Edgard la esperaba en la esquina, con la puerta abierta del asiento trasero, Claudia entro y serraron la puerta; sin decir palabras, se besaron con gran pasión, hasta quedar jadeantes por el deseo mutuo de poseerse, con desespero, ella manipulo el pantalón de Edgard, dejando libre su erección; el, metiendo la mano debajo de su vestido, encontró su intimidad libre y humedecida, lista para recibirle; ella levantando su vestido, se sentó de espaldas a él, y soltando apagados gemidos de placer, disfruto de una profunda penetración mientras sentía sus besos detrás de su cuello, y sus dedos, frotando su clítoris, aumentando la in

