Aquel día, cuando todos se fueron al rio, Edgard invito a Claudia a un paseo a caballo, el cual ella, acepto emocionada, en pocos momentos se alejaron por los potreros, hasta llegar a ese árbol que bajo el amparo de su sombra, había sido testigo de su primer beso. No esperaron mucho, para que sin palabras, sus labios volvieran a encontrarse, y se besaran con gran pasión; Edgard, puso sus manos sobre su trasero y la apretó contra sí, y ella sintió su excitación, presionando sus muslos, desabrocho su pantalón y lo acaricio ansiosa, estaba jadeante, él le subió la falda, y le quito las pantaletas, ella se abrazó a su cuello, se impulsó y quedo a horcajadas sobre la cintura de el, rodeándolo con sus piernas, mientras el sosteniéndola fuertemente por las nalgas, se introdujo en su intimidad,

