Los hombres que seguían a Martin tomaron en sus manos una pila de preciosos regalos. Después de dejarlos en el suelo, fueron a esperar delante de la puerta. Rhys era el único que quedaba, de pie junto a Martin con mirada respetuosa. —Sr. Lusk, Sra. Lusk, cuánto tiempo sin vernos. Martin siempre había sido una persona fría, y rara vez hablaba. Incluso cuando saludaba, había un rastro de indiferencia. —Martin, ¿por qué estás libre para ir hoy? Danica fue la primera en reaccionar. Mirando el regalo que traía, esbozó una sonrisa cariñosa. —Traes tantas cosas. No hace falta. —Martin, ven y siéntate. Chicos, sirvan el té —dijo Donald a los criados—. Desde que Jack se fue al extranjero, hace mucho que no vienes. ¡Tengamos una buena charla esta noche! —Martin, ¿has comido ya? —Sí, ya he co

