CAPÍTULO 2 Nadie se atreve a tocar mi puerta. Nadie es capaz de dirigirme la palabra. Nadie me habló por meses debido a un miedo que yo misma había implantado en ellos por la forma en cómo terminó todo. Mi habitación era tan grande que era imposible aburrirse en ella. No me apetecía salir. La única aparición que tuve fue en el salón principal de nuestro palacio cuando mi madre dio uno de los mejores discursos que presencié. Estaba tan convencida en destrozar a Zeus con cada palabra suya que no tardé en sentirme segura de que todo iría bien. Me desnudo frente al espejo de cuerpo entero viendo como mi bata de seda blanca se desliza por mi pálida piel hasta caer al suelo de forma silenciosa. Mis ojos recaen de forma automática en la herida que Dante me dejo. El corte inicia en

