MEGAN/HARPER La mañana en Nueva York tenía un brillo engañoso, el sol se reflejaba en los charcos sucios que la tormenta de anoche había dejado en las aceras, creando pequeños espejos de luz que herían la vista, pero el aire seguía siendo frío, húmedo y cortante, mordiendo la piel expuesta con una ferocidad que no existía en California. - ¿Segura que quieres caminar? —preguntó Caleb por tercera vez en diez minutos, deteniéndose para ajustarme la bufanda de lana alrededor del cuello con esa ternura infinita que siempre me hacía sentir culpable y protegida a la vez—. Megan, estás temblando, podemos tomar un taxi al aeropuerto ahora mismo, el vuelo sale en cuatro horas, pero podemos esperar en la sala VIP y tomar algo caliente... - Necesito aire, Caleb —dije, aferrándome a su bra

