MEGAN/HARPER El consultorio del Dr. Aron estaba en penumbra, iluminado solo por una lámpara de sal en la esquina que emitía un brillo anaranjado y relajante, solo podía sentir el ritmo de mi respiración. Tic. Tac. Tic. Tac. - Estás en un lugar seguro Megan —la voz del terapeuta era suave, envolvente—. Quiero que bajes la escalera, diez escalones y con cada escalón, te relajas más, diez... nueve... ocho... Mis párpados pesaban toneladas, mi cuerpo se hundía en el sillón de cuero y laa realidad de Santa Mónica se desvanecía. - Uno —dijo el doctor—. Ahora, quiero que abras esa puerta al final del pasillo, la puerta de tus recuerdos. ¿Qué ves? Al principio solo vi oscuridad, pero luego sentí frío, un frío húmedo que me calaba los huesos. - Lluvia —susurré, con los ojos cer

