El despacho de su padre estaba completamente a oscuras, las gruesas cortinas beige cubrían de principio a fin los inmensos ventanales, no permitiendo así el paso de la luz solar. Se adentró sigilosa y cerró muy despacio la puerta tras ella, no deseaba alertar a Nana, mucho menos meterla en problemas. A ciegas buscó el interruptor y encendió la luz, observó todo a su alrededor, todo tan endemoniadamente ordenado y monótono que le provocaba escalofríos. Recorrió las instalaciones de la oficina a sus anchas, mientras buscaba con la mirada la carpeta donde su padre archivaba las escrituras de sus propiedades. Finalmente dio con la dichosa carpeta, la cual estaba apilada bajo un montón de libros de finanzas. Tomó la carpeta y se sentó en el sillón junto a la ventana, comenzando a revisar cada

