Harry despertó temprano en la mañana y se encontró con una visión que hacía que su corazón se llenara de felicidad en un instante. Ahí estaba, su amada esposa Deneb, durmiendo plácidamente con sus gemelos entre sus brazos, Erick era el nombre del mayor y Mateo el del más pequeño. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras observaba cómo el suave movimiento de su respiración acunaba a los pequeños. Era una imagen de paz y amor que Harry nunca se cansaba de contemplar. Se acercó sigilosamente a la cama, tratando de no perturbar su sueño, y se inclinó para darle un beso suave en la frente a Deneb. La miró con amor y admiración, sin poder evitar sentirse agradecido por tenerla en su vida. En el pasado la lastimó, fue cruel y denigrante, sin embargo supo detenerse a tiempo y ella supo perdona

