El agente Morgan caminaba de un lado a otro mientras mantenía su mirada fija en Luciano, quién cabizbajo observaba sus manos esposadas. Llevaban tres largas horas dentro de aquel cuarto de interrogatorios sin lograr extraer una sola palabra de la boca del hombre. Los agentes habían tratado de dilatar lo más posible la llegada del abogado defensor. Necesitaban que Luciano hablara antes de que el abogado llegase al interrogatorio, de lo contrario se tornaría mucho más difícil sacarle una declaración. El agente resopló bastante molesto, comenzaba a perder la paciencia, ya que el tiempo se estaba agotando. Desesperado prefirió jugarse su última carta, si después de esto Luciano decidía no hablar, entonces estarían perdidos. Sigiloso camino hasta el estante donde tenía las carpetas con las evi

