Mi mirada queda en la de él. Mientras camina de un lado a otro, pensativo. ─No me atrevo a verla en este momento, tengo repulsión ─dice, de repente, perturbado. Mi corazón duele, al escuchar su voz. ─Iré yo, buscaré lo que falta de tu ropa y tus pertenencias…tu moto ─propongo, pero eso, le alerta más. ─Mejor…le digo a Tomas, él sabrá qué hacer en este caso y confío a ciegas en él ─menciona, tomando mi celular, para marcar al número de su casa─. Él estuvo en la milicia, sabrá cómo tratar con ella ─agrega, sin dejar de mirarme. ** La primera llamada, la contestó su madre y tuvo que hablar tendido con ella, tratando de persuadirla. Volvió a llamar, y esta vez, atendió Tomas; su mayordomo. De inmediato, aceptó ir por sus cosas, junto con la policía para entregarle una denuncia. Esper

