Una mañana, la tragedia visitó la casa de la familia de Javier. En realidad, fue algo totalmente inesperado. Sencillamente, el niño despertó a la misma hora de siempre. Sin embargo, se percató de algo extraño.
A diferencia de los demás días, en esta ocasión, su pequeño cachorro Puko no acudió a despertarlo como acostumbraba hacerlo, lamiendo vigorosamente el rostro del niño. En cuanto se percató de la inusual ausencia, rápidamente, Javier se levantó con la intención de buscar al animal. Desgraciadamente, después de buscarlo por todas partes, no logró encontrarlo. Por tal motivo, comenzó a sentirse un poco preocupado.
Luego de contarle a Carlos lo sucedido, los dos comenzaron a buscar por todas partes. Ciertamente, era bastante inusual que el animal no estuviera corriendo por toda la casa. Después de un rato, Carlos comenzó a sospechar que algo no andaba bien, por lo cual, rápidamente, informaron a su madre lo sucedido.
Naturalmente, Laura se sintió preocupada por el cachorro, dado que el animal estaba acostumbrado a correr por todos lados desde muy temprano. Inmediatamente, se unió a la búsqueda temerosa de lo que podrían encontrar. Al cabo de unos minutos, se escuchó un grito desgarrador. Aparentemente, Javier había encontrado al animal. Desafortunadamente, no lo había hecho de la forma esperada. Una vez que escuchó su terrible lamento, Laura sintió que su corazón se estremecía. En ese momento, corrió con rapidez siguiendo aquel sonido.
Lamentablemente, al llegar al lugar, no había mucho que pudiera hacer. En ese instante, el cuerpo sin vida de Puko yacía en el suelo. Mientras tanto, el pequeño Javier lloraba desconsoladamente. Desde luego, para él, el cachorro era mucho más que una mascota. Sin lugar a dudas, lo consideraba un amigo incondicional.
Enseguida Carlos llegó al lugar acompañado de Ricardo. A decir verdad, los gemelos se quedaron anonadados. Claramente, no podían comprender qué le había sucedido al animal. Apenas el día anterior había estado corriendo por todas partes. Honestamente, su muerte había sido muy inesperada. En tales circunstancias, Laura se acercó a Javier lentamente colocando su mano sobre su hombro. Innegablemente, ella entendía que un suceso de ese tipo a una edad tan temprana podría ser bastante traumático. Tan pronto como Javier sintió la mano de su madre sobre su hombro, volteó a verla con los ojos llenos de lágrimas. Entonces, se lanzó a sus brazos sin poder contenerse. En cualquier caso, no había nada que ella pudiera decir para aligerar la pena que Javier sentía.
Esa tarde, el niño se encerró en su habitación. Obviamente, no tenía ganas de hacer nada. A fin de cuentas, había perdido a un buen amigo. No obstante, a la mañana siguiente, era día de escuela. Por lo tanto, no tuvo más remedio que prepararse para asistir a clase. De cualquier forma, era muy evidente su tristeza, puesto que su normalmente sonriente semblante había perdido vitalidad. Cuando llegó al salón, Alicia se percató de que algo no andaba bien. Definitivamente, no tuvo más que mirar el rostro del niño para entender que algo terrible había sucedido. A continuación, se acercó a él preocupada mirándolo con sus enormes ojos llenos de interrogantes. A pesar de ello, no estaba segura de si debía preguntar. De hecho, no tuvo siquiera que hacerlo. En tan solo un segundo, Javier le contó lo sucedido.
Por consiguiente, Alicia lo escuchó consternada. Posteriormente, los niños se abrazaron llorando desconsolados. Simplemente, Alicia sintió la misma pena que él experimentaba. Si bien ella solo había visto al cachorro en una ocasión, al ver la tristeza del niño, no pudo evitar sentirse conmovida. Ante tal panorama, la tristeza de los niños se hizo cada vez más fuerte. Súbitamente, Alicia sintió el deseo de terminar con todo el sufrimiento que Javier sentía. Realmente, fue una sensación bastante inusual.
Evidentemente, ese sentimiento fue bastante abrumador. La verdad sintió un fuerte deseo de consolar al niño. Francamente, no podía soportar verlo en ese estado. A medida que el tiempo transcurría, deseaba ayudarlo a olvidarse de lo sucedido. En cambio, sabía que eso nunca sucedería. Indudablemente, la muerte de su mascota había tenido un efecto en la vida del niño que sería muy difícil de olvidar.
En definitiva, Alicia se sintió muy confundida. Lógicamente, comprendía que no había mucho que pudiera hacer al respecto. Después de todo, así era la vida. Por otro lado, deseaba con demencia poder hacer algo para alegrar al niño. Siendo así, experimentó una terrible impotencia. Por su parte, su madre se percató de su angustia, por lo que, inmediatamente, la cuestionó al respecto. A toda prisa, Alicia se desahogó externando su gran malestar. Por consecuencia, su madre le explicó con mucha paciencia que la vida estaba llena de altibajos, lo cual era algo inevitable. Como resultado, no les quedaba más que asumir sus circunstancias con valentía y resignación, ya que había cosas que estaban fuera de su alcance. De inmediato, Alicia comprendió que, justamente, lo que le había sucedido a Javier era una de esas cosas. De tal manera que entendió que lo único que podía hacer por él era acompañarlo durante ese difícil momento, escucharlo cuando él necesitara hablar y esperar a que las cosas mejoraran solas.
Con gran madurez, Alicia puso en práctica lo aprendido. Por supuesto, la gran enorme gratitud que tenía sentía por Javier la motivó a apoyarlo de forma incondicional. Sin duda, estaba convencida de que el niño se sentiría mejor pronto.
De tal forma que, un poco más adelante, el niño volvió a sonreír. De pronto, al platicar con su amiga una mañana, la sonrisa volvió a surgir de su rostro, al mismo tiempo que Alicia lo veía sorprendida.
—¿Qué sucede? ¿Por qué me miras así? —preguntó Javier con curiosidad ante los enormes ojos de Alicia.
—Por nada —respondió la niña sonriendo con dulzura. En efecto, no era necesario ofrecer una mayor explicación. Finalmente, la sonrisa que tanto había añorado había vuelto. Por tal razón, estaba segura de que todo estaría bien.