Un amigo excepcional

1065 Palabras
Definitivamente, eso no había sido lo que Mónica había esperado. Claramente, el resultado excedió todas sus expectativas. Sin lugar a dudas, no entendía el motivo de sus sentimientos. Sin embargo, cuando veía a Alicia y a Javier juntos, sentía que su estómago se le revolvía.  Conforme el tiempo transcurría, su molestia fue creciendo hasta el punto de sentir verdadera irritación al verlos. En cambio, ellos estaban totalmente ajenos a sus sentimientos.  Francamente, la pasaban tan bien juntos que no tenían tiempo de pensar en esas cosas. Por su parte, Mario disfrutaba mucho de su compañía. Naturalmente, comprendía la fuerza de su amistad. De tal forma que lejos de tratar de entenderlos, se limitó a disfrutar de su amistad. Por otro lado, las maestras del colegio veían a los niños conmovidas. Honestamente, lucían muy tiernos.  Cuando Alicia le contó a sus padres lo sucedido aquel día, ellos parecían bastante sorprendidos. Durante el relato, Yolanda abría los ojos cada vez más grandes. Mientras tanto, Sergio escuchaba atentamente los pormenores. Tan pronto como la niña concluyó su historia, el hombre la cuestionó con gran curiosidad —¿Entonces, Javier te dio su propio lápiz sin importarle que no podría contestar su examen? Desde luego, la voz de Sergio resonó con gran incredulidad. Obviamente, era algo bastante difícil de creer que un niño de tan corta edad pudiera hacer algo tan desinteresado como eso. En ese momento, Yolanda miraba a su esposo fijamente transmitiéndole un silencioso mensaje. Sencillamente, ella siempre le había dicho que la amistad de Javier era bastante benéfica para su hija. No obstante, el hombre parecía renuente a aceptarlo. Afortunadamente, en ese instante, parecía percatarse de ello por primera vez. Inmediatamente, Alicia asintió al sonreír con orgullo. —En realidad él es muy bueno conmigo. Ni siquiera quería que le dijera a la maestra lo que pasó. Por el contrario, yo decidí hacerlo, ya que no quería meterlo en más problemas. En tales circunstancias, Sergio no pudo más que estar de acuerdo con su hija. Dado que el niño había demostrado tal amabilidad, lo menos que ella podía haber hecho era intentar ayudarlo. —Tienes razón, Alicia, Javier demostró ser un muy buen amigo —le dijo con gran determinación. Entretanto, Yolanda lo observaba con orgullo. Evidentemente, el comportamiento del hombre había logrado sorprenderla. Por consecuencia, al mismo tiempo que Alicia observaba su comida distraída, aprovechó para guiñarle el ojo al hombre con coquetería. Indudablemente, ese era el hombre del cual se había enamorado. Por supuesto, sintió unos enormes deseos de besarlo. A decir verdad, Sergio se sintió muy complacido por el gesto. Lógicamente, se sentía muy bien al saberse apreciado.  Sin duda, en casa de Javier, las noticias fueron recibidas de forma distinta. A la hora de la cena, el niño comenzó a contarle a su familia lo sucedido. Ciertamente, los gemelos lo miraban con incredulidad sin saber qué decir al respecto. A medida que el relato avanzaba, sus ojos se abrían cada vez más. —Espera un momento. Déjame ver si entendí bien. ¿Entonces, Alicia perdió su lápiz justo antes de iniciar el examen y tú, al ser un buen amigo, decidiste darle tu propio lápiz? ¿Como resultado, no pudiste contestar tu examen y la maestra te regañó después de clase? ¿Fue eso lo que sucedió?  Rápidamente, Javier asintió con vehemencia. En definitiva, su hermano había comprendido muy bien lo sucedido. De pronto, Carlos aclaró su garganta disponiéndose a hablar. Repentinamente, sonrió al decir: —Vaya, sí que eres un muy buen amigo —le dijo guiñando un ojo. De inmediato, Javier le sonrió. Realmente, Carlos era quien mejor lo entendía de sus dos hermanos.  Ante tal panorama, Ricardo volteó a ver a sus padres confundido. —¿Y bien? ¿No van a decir nada al respecto? A fin de cuentas, tienen que pronunciarse. Seguramente, no les pareció tan buena idea que Javier haya perdido los puntos de su examen. A continuación, Miguel volteó hacia Ricardo de forma retadora.  —Veo que estás muy interesado en conocer nuestra opinión. Efectivamente, tienes razón. El comportamiento de Javier fue bastante imprudente. De cualquier forma, entiendo los motivos que lo llevaron a actuar de esa forma. A pesar de ello, estoy seguro de que, si lo hubiera pensado con más detenimiento, habría encontrado una mejor solución.  —¿Simplemente, por qué no tenías un lápiz extra en tu mochila? Después de todo, eso habría solucionado el problema. Enseguida, Javier se dispuso a contestar, pero pareció no encontrar las palabras para hacerlo. La verdad no había pensado en ello antes. En cualquier caso, su madre se dispuso a intervenir.  —Innegablemente, las cosas pudieron haberse manejado de otra forma. Pese a ello, debemos reconocer las grandes cualidades de Javier. Por consiguiente, creo que todos debemos felicitarlo por ser un amigo tan excepcional —dijo la mujer, a la vez que acariciaba tiernamente la cabeza de niño. Por lo tanto, Javier sonrió complacido. Por lo visto, su madre siempre sabía qué decir.  La mañana siguiente, los niños charlaron acerca de lo sucedido en casa explicando las diferentes reacciones que tuvieron sus familiares. Luego de charlar durante un rato, Javier sacó de su mochila una bolsa con galletas. —Toma. Te traje esto. Mi mamá las preparó anoche. De hecho, son mis favoritas. Estoy seguro de que también te gustarán.  Súbitamente, Alicia tomó la bolsa en sus manos observando su delicioso contenido. Por tal motivo, sonrió con alegría, puesto que Javier parecía conocer muy bien sus gustos. Desgraciadamente, ella no tenía nada que darle. Aunque el niño siempre le llevaba cosas, Alicia no sabía cómo expresarle recíprocamente su afecto. De cualquier manera, deseaba externarle su gratitud y aprecio. Por tal razón, sin pensarlo demasiado, besó su mejilla sorpresivamente. En efecto, el sorpresivo gesto tomó por sorpresa a Javier, quien se limitó a mirarla en silencio. Después llevó su mano a su mejilla con incredulidad. Enseguida una radiante sonrisa apareció en su rostro. Aparentemente, ese había sido un muy buen día para él. Desafortunadamente, en ese momento, Mónica los miraba con recelo. Si bien había intentado ignorarlos, debía admitir que su presencia le causaba cada vez una mayor molestia. Por tal circunstancia, de repente, comenzó a buscar en su mochila hasta encontrar el lápiz con forma de mariposa que había tomado del escritorio de Alicia aquel día. A toda prisa, lo partió en dos con gran irritación. 
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