En completo silencio, los niños se comunicaron a través de sus miradas. Por su parte, Alicia le expresaba que no podía aceptar su amabilidad. Claramente, sabía que era un gesto bastante amable de su parte. Sin embargo, creía que no sería justo que el niño tuviera que enfrentar tantos problemas debido a su descuido.
Mientras tanto, Javier le expresaba que ella no debía preocuparse de nada, puesto que, en realidad, ser reprendido por la profesora no era algo tan terrible. Ciertamente, conociendo el carácter tímido y retraído de Alicia, él sabía que para ella sería bastante fuerte recibir un regaño de ese tipo. Por lo tanto, decidió asumir la responsabilidad de todo. Después de algunas furtivas miradas, los niños seguían sin llegar a un acuerdo. De pronto, Javier la miró con gran determinación. Entonces, Alicia comprendió que no le quedaba nada por hacer. En tal caso, respiró profundamente, tomó el lápiz de su escritorio y se dispuso a contestar el examen, no sin antes brindarle una mirada agradecida al chico.
Sin lugar a dudas, Javier estaba dispuesto a enfrentarse a una situación como esa para ayudarla, por lo cual se dispuso a aceptar su destino con la cabeza en alto. Entretanto, la sorprendida Mónica no dejaba de mirarlos. Definitivamente, nunca imaginó que algo como eso sucedería. Desde luego, si hubiera sospechado que Javier sería el perjudicado de aquella situación, nunca habría tomado el lápiz. De cualquier forma, le parecía que aquella actitud había sido demasiado absurda. Como resultado, el niño tendría que enfrentar su castigo.
Honestamente, la prueba no había sido tan complicada como los niños habían esperado. En tales circunstancias, luego de unos minutos, los más aplicados de la clase comenzaron a entregar sus exámenes. Al cabo de un momento, numerosas hojas ya se encontraban sobre el escritorio de la profesora. No obstante, volteó a ver a los niños que aún no habían terminado. De repente, dirigió su mirada hacia Javier sorprendida. De hecho, él siempre era uno de los primeros en entregar su prueba. Por consecuencia, la profesora lo miraba confundida. ¿Acaso el chico tendría alguna duda en su examen? Sencillamente, le parecía increíble que aún no hubiera terminado. Por tal motivo, se puso de pie y luego se dirigió hacia su asiento. Tan pronto como llegó a su lado, lo miró confundida. En ese momento, vio la prueba del niño sobre su escritorio totalmente vacía. Rápidamente, lo observó confundida. Enseguida la profesora comenzó a cuestionarlo:
—¿Qué sucede, Javier? ¿Por qué aún no has contestado tu prueba? —le preguntó con severidad. En cuanto escuchó la voz de la maestra, Alicia levantó la mirada apenada. Después de todo, ella sabía que era la responsable de lo sucedido. Inmediatamente, Javier respiró profundamente antes de comenzar a hablar.
—Lo que pasa es que perdí mi lápiz. Por consiguiente, no he podido comenzar la prueba.
Súbitamente, el rostro de Javier se ruborizó a la vez que dirigía su mirada hacia el piso. Francamente, nunca antes le había sucedido algo como eso. Por tal situación, la maestra lo miraba con incredulidad.
—Conozco muy bien las reglas de los exámenes. Lógicamente, sé que, una vez que el examen está en nuestras manos, no debemos hablar. Por tal razón, no pude decir nada.
Naturalmente, la maestra se sintió contrariada. A fin de cuentas, sabía que debía aplicarle un castigo al niño, aunque era su responsabilidad estar preparado para la prueba. En cambio, la profesora no estaba totalmente conforme con eso, debido a que, probablemente, Javier era su mejor estudiante. En ese instante, el corazón de Alicia se estremeció. Sin duda, ella creía ser la única culpable de lo sucedido. Efectivamente, Javier había tenido la intención de ayudarla. A pesar de estar agradecida por todo su apoyo, sabía que aquello no estaba bien.
Desgraciadamente, Alicia era muy tímida e introvertida. En realidad, le costaba mucho trabajo hablar con los adultos. Si bien ella sabía que Javier había hecho todo eso por ayudarla, también comprendía que, tarde o temprano, tendría que asumir su responsabilidad. Indudablemente, era algo que no podía evadir. En definitiva, no podía permitir que Javier fuera reprendido por algo que había sido su responsabilidad. Siendo así, respiró profundamente disponiéndose a hablar.
—La verdad el lápiz que se extravió fue el mío —dijo la niña en una voz muy delgada. Evidentemente, cuando hablaba con adultos, Alicia sentía que la garganta se le cerraba de forma inexplicable. Repentinamente, la maestra volteó a verla. Pese a que no había logrado comprender sus palabras, se percató de que acababa de decir algo importante.
—¿Qué fue lo que dijiste? —volvió a preguntar. Desafortunadamente, Alicia sintió que sus mejillas se incendiaban. En cualquier caso, sabía que tendría que expresarse de alguna manera, por lo que respiró profundamente y repitió aún en mayor volumen:
—Dije que fue mi lápiz el que se perdió, pero Javier quiso ayudarme entregándome el suyo.
De inmediato, la profesora comprendió lo que había sucedido. Innegablemente, los rumores habían llegado hasta sus oídos. Obviamente, las maestras estaban al tanto de la amistad que unía a ese par de niños e incluso habían escuchado hablar acerca de su inusual compromiso. Por supuesto, algunas de las profesoras creían que la historia era muy tierna. Ante tal panorama, la maestra no supo cómo reaccionar. Por tal situación, decidió analizarlo por un momento.
—Ustedes dos deberán quedarse después de clase —les dijo. Por lo visto, los chicos se habían metido en problemas. Simplemente, las manos de Alicia comenzaron a sudar profusamente. A decir verdad, Javier no estaba tan preocupado. De tal forma que intentó hacerla sentir mejor con la mirada.
—No debiste decirle nada a la maestra ahora los dos estamos en problemas —le dijo Javier tan pronto como tuvo oportunidad. Sin embargo, su mirada era cálida, por lo cual le transmitió tranquilidad a la niña. En efecto, ella nunca antes había tenido que esperar a que la clase terminara para ser reprendida por la profesora. Aparentemente, aquello le provocaba una gran ansiedad. Una vez que la clase terminó, la profesora los llamó a su escritorio.
—Según entiendo, Alicia perdió su lápiz antes del examen. Por el contrario, Javier, tú decidiste entregarle el tuyo para que ella pudiera tomar la prueba.
Abruptamente, el niño asintió.
—Debo reconocer que tu comportamiento fue bastante amable. Lamentablemente, no tomaste la prueba y eso tendrá consecuencias académicas muy graves para ti.
A continuación, el rostro de Alicia palideció gravemente. Es decir, ella no deseaba que Javier enfrentara consecuencias tan terribles por haber tenido un gesto amable con ella.
—Pero, maestra, no fue su culpa. Él solo lo hizo por ayudarme —dijo Alicia con gran preocupación. Finalmente, la profesora la miraba con gran curiosidad.
—De cualquier forma, Alicia, es tu responsabilidad estar preparada para cualquier examen. Recuerda siempre tener contigo todo lo necesario para tu prueba. Javier, buscaré la forma de que tomes el examen otro día. No obstante, no tendrá el mismo valor.
Al escuchar sus palabras, el niño asintió vehemencia. Realmente, aquel resultado fue mucho mejor de lo esperado.
—En tales circunstancias, creo que los dos tendrán que hacer tarea extra.
Definitivamente, Alicia no tenía problema en hacer algunos deberes de más. Por el contrario, eso era algo que disfrutaba hacer. A fin de cuentas, parecía que aquello no había salido tan terrible. Como resultado, los niños se miraban complacidos.