A decir verdad, no había sucedido nada en particular. Sin embargo, Mónica comenzó a sentir un enorme desagrado siempre que contemplaba a Javier y Alicia. De tal manera que parecía no comprender el motivo que lo originaba, pero, definitivamente, su irritación aumentaba al encontrarse ante su presencia.
Todas las mañanas, veía a Javier esperando a Alicia en la puerta del salón. Claramente, su comportamiento le parecía ridículo. Sin duda, Alicia había estado mucho tiempo en la escuela. Por consiguiente, era muy poco probable que fuera a perderse. Desde luego, tal comportamiento le parecía irracional. Sencillamente, no podía comprenderlo. Siendo así, intentó ignorarlos siempre que se los topaba por la mañana. No obstante, era tal su irritación que no podía lograrlo.
A medida que el tiempo transcurría, su desagrado crecía cada vez más, de la misma forma que crecía su desconcierto. Un poco más adelante, su irritación comenzó a centrarse en la niña. Ciertamente, el comportamiento de Javier le parecía totalmente irracional. A pesar de ello, en el fondo de su ser, creía que la verdadera culpable de todo debía ser ella. Francamente, Mónica conocía a Javier desde el jardín de niños y, por supuesto, nunca había tenido este tipo de actitudes con nadie más. Lógicamente, Alicia debía ser la culpable.
Una mañana durante el recreo, se sorprendió mirándolos. En realidad, ellos siempre estaban juntos durante el descanso. En ese momento, Javier había tomado algo del piso que luego mostraba a la niña. Probablemente, se trataba de un insecto. De cualquier forma, Alicia abrió los ojos muy grandes al observarlo. Posteriormente, estalló en una carcajada. Mientras tanto, Javier parecía orgulloso por haberle causado tal alegría. Obviamente, Mónica creyó que eso no podía continuar por más tiempo.
Simplemente, no podía comprender cómo era posible que los adultos no hubieran terminado con tan irracional amistad. Realmente, creía que alguna autoridad escolar debía llamarles la atención o, en su defecto, algún adulto cualquiera. Honestamente, no podía entender cómo la familia de Javier no había hecho nada al respecto. Justamente, en ese instante, se le metió en la cabeza la idea de que quizá tendría que ser ella quien pusiera punto final a esa amistad. Dado que todos parecían haber perdido la cordura, ella creyó que era su deber intervenir.
Sí bien no sabía los pormenores de tal intervención, en definitiva, tenía muy claro que debía actuar.
Después de algún tiempo, un día cualquiera antes de comenzar la clase, volvió a observarlos con atención. En ese instante, la niña le mostraba su lápiz nuevo a Javier, el cual tenía forma de mariposa. De manera inexplicable, Alicia parecía disfrutar mucho todos aquellos objetos con decoraciones de ese tipo. En la opinión de Mónica, eso no era más que muestra de su mal gusto. De pronto, los dos niños se pusieron de pie y se dispusieron a salir del salón. Efectivamente, debían haber perdido la razón, pues Mónica sabía que el examen de matemáticas empezaría en cualquier momento. Si la maestra entraba al salón y veía que ellos no estaban ahí, naturalmente, estarían en muy serios problemas. Antes de salir, Alicia colocó cuidadosamente su lápiz sobre su escritorio. De inmediato, una descabellada idea cruzó por la mente a Mónica. Por consecuencia, sin pensarlo demasiado, caminó con rapidez hacia el escritorio de la niña. A continuación, en movimiento veloz, tomó el lápiz con sus manos asegurándose de que nadie la hubiera visto. Al cabo de un par de segundos, volvió a su lugar fingiendo que nada había pasado.
De repente, la maestra entró al salón. Desgraciadamente, cuando Mónica creía que los niños estaban a punto de recibir su merecido, Alicia y Javier aparecieron detrás de ella sonriendo plácidamente. En tales circunstancias, la maestra se limitó a sonreír mientras se acomodaba en su escritorio. Entonces, comenzó a pasar el examen. Tan pronto como todos los niños tenían la prueba en sus manos, les recordó:
—A partir de ahora, comienza oficialmente el examen. Recuerden que tienen prohibido comunicarse. Deben mantenerse en silencio hasta que la prueba terminé. Tampoco deben levantarse.
Luego de mirar su reloj para confirmar la hora, la maestra dio por iniciada la prueba. Como resultado, los niños comenzaron a analizar cuidadosamente el contenido de las hojas para luego disponerse a contestar. Por su parte, Alicia se sintió aliviada al revisar la prueba, ya que había practicado ejercicios de ese tipo. Por tal motivo, se dispuso a iniciar. Desafortunadamente, en cuanto buscó su lápiz, no logró encontrarlo por ningún lado. Primero, revisó sobre su escritorio, luego dentro de su lapicera y, finalmente, revisó en el piso. Lamentablemente, el objeto parecía haber desaparecido. En efecto, era como si se lo hubiera tragado la Tierra. Para su mala suerte, era el único lápiz que tenía. Súbitamente, Javier volteó a verla. Evidentemente, se percató del pánico en su mirada. La verdad no era necesario que ella le explicara lo sucedido. Con tan solo mirarla a los ojos, entendió que su lápiz había desaparecido. Inmediatamente, comenzó a buscar en diferentes direcciones preguntándose en dónde podría encontrarse tan valioso objeto. Aunque él sabía que aquel era un lápiz común y corriente, innegablemente, tenía un especial valor para Alicia. Por lo tanto, debía asegurarse de encontrarlo.
Entretanto, los compañeros contestaban sus pruebas con atención. A fin de cuentas, sabían que no debían desperdiciar el tiempo, puesto que la profesora recogería los exámenes en poco tiempo. Sin lugar a dudas, tanto Alicia como Javier conocían muy bien las reglas de los exámenes. Ante tal panorama, los niños debían guardar silencio en todo momento, pues, de lo contrario, cualquier comportamiento diferente se consideraría como un acto de rebeldía. De cualquier manera, Alicia sabía que estaba perdida. Después de todo, tendría que decirle a la maestra lo sucedido. Como tendría que hablar durante el examen, probablemente, se haría acreedora a un castigo. De hecho, cuando estaba acompañada de Javier, Alicia era mucho más desenvuelta. En cambio, cuando se encontraba sola, su timidez la dominaba. Por lo visto, la niña era bastante insegura. En cualquier caso, Javier parecía inyectarle seguridad con su presencia.
Mientras el tiempo pasaba, la mirada de Alicia se llenaba de pánico. Indudablemente, Javier no dejaba de mirarla. Por tal razón, Alicia sintió su apoyo, pero comprendió que, en esa ocasión, no había nada que él pudiera hacer para ayudarla, por lo que lo miró con resignación expresándole que debía contestar su prueba. Enseguida la niña desvió la mirada resignada de enfrentar su destino. Una vez que Javier comprendió su gesto, sintió una gran incomodidad en su interior. Es decir, el niño comprendía que no tenía muchas alternativas. Pese a ello, no podía olvidarse de Alicia para dedicarse a su examen, por lo cual, finalmente, tomó la decisión de ayudarla. En tan solo un segundo, el niño le entregó su propio lápiz con un rápido movimiento. Repentinamente, Alicia lo miró sorprendida. ¿Realmente, Javier estaba dispuesto a meterse en problemas por ella?