El vínculo se fortalece

1167 Palabras
Ciertamente, el compromiso de los niños los unió mucho más. La verdad su de por sí inquebrantable amistad se fortaleció cada día más. En definitiva, todos sus compañeros de escuela notaron aquella inusual cercanía. Definitivamente, los niños de su edad no disfrutaban especialmente la amistad con niños del sexo opuesto. En tales circunstancias, su vínculo era bastante peculiar. Desde luego, Javier se tomó muy en serio el compromiso. Aunque, en realidad, él era así con todo aquello que le importaba. Por consiguiente, siempre estaba al pendiente de Alicia. Si la niña tiraba accidentalmente un lápiz, él se apresuraba a entregárselo. Si llegaba a perder algún libro o libreta, él la ayudaba a buscarlo hasta que apareciera. Sorprendentemente, aquella actitud no necesitaba un esfuerzo extra de su parte. Por el contrario, siempre que hacía algo para ella, parecía disfrutarlo. Aunado a ello, Javier no tenía ningún inconveniente en hablar del compromiso si alguien le preguntaba. Por supuesto, él no sentía pena de expresar abiertamente sus sentimientos por la niña. Una mañana, Mónica, su compañera de salón, trataba de entender la actitud del niño. —¿Cómo que están comprometidos? Obviamente, eso es absurdo. Ustedes son unos niños —respondió Mónica al escuchar la explicación que Javier le dio. Desgraciadamente, para ella, aquel supuesto compromiso no tenía ninguna lógica ni validez. De cualquier forma, Javier se dispuso explicarle: —Claramente, sabemos que somos niños. En tal caso, no queremos casarnos ahora. Es decir, estamos comprometidos para casarnos en el futuro, cuando seamos mayores.  Indudablemente, Alicia sabía que aquel compromiso carecía de valor real ante los mayores. Sin embargo, para ellos, era un vínculo muy valioso e inquebrantable. Por lo tanto, miraba a Javier fascinada mientras él le explicaba todo eso a Mónica. Naturalmente, aquella niña los observaba con escepticismo. Sencillamente, un compromiso entre niños no podía tener relevancia en su opinión. Realmente, creía que ese par de niños estaban un poco locos. No obstante, también los observaba con un poco de envidia. De hecho, creía que encontrar un novio a tan temprana edad era muy romántico.  Inmediatamente, la niña desvió la mirada con irritación. Francamente, ella era una niña consentida que estaba acostumbrada a cumplir todos sus caprichos. Al brindarles una actitud indiferente, se dio la vuelta con total arrogancia. Por su parte, Javier se encogió de hombros, ya que no podía comprender su actitud. Mientras tanto, a Alicia no podía importarle menos la opinión de esa niña. De pronto, Mario se acercó a los niños. Si bien él tampoco podía entender la seriedad de su compromiso, había aprendido a acostumbrarse a tal inusual vínculo. —Es normal que los demás reaccionen así. Lógicamente, no es algo común toparse con dos niños que estén comprometidos en matrimonio. Bueno, sé que no es un compromiso de verdad, pero como sea, no deja de ser raro. Tan pronto como escuchó sus palabras, Javier volteó a verlo con molestia. —¿A qué te refieres con que no es un compromiso de verdad? —lo confrontó, a la vez que Alicia los miraba sorprendida. Simplemente, Javier no iba a aceptar que alguien le restara importancia a su compromiso. Finalmente, sabía que la importancia de su vehículo dependía únicamente de ellos dos. Rápidamente, Mario palideció al darse cuenta de lo molesto que estaba su amigo. A toda prisa, comenzó a disculparse, puesto que no quería tener ningún problema con él.  —No es eso lo que quise decir. Lo que pasa es que es normal que algunas personas le resten importancia, dado que no es un acuerdo hecho por adultos. En cualquier caso, yo sé que eso no quiere decir que sea menos importante.  Honestamente, Mario expresó su opinión. Sin lugar a dudas, Javier entendió que su amigo no había tenido ninguna intención de molestarlo. Después de todo, él era alguien en quien siempre podía confiar.  A decir verdad, Mario valoraba mucho su amistad con Alicia y Javier. Evidentemente, consideraba a los niños sus verdaderos amigos. A diferencia de otras personas, él entendía bastante bien el valor de su vínculo e incluso, en algún momento, había llegado a sentir un poco de envidia. Innegablemente, sabía que algo así era difícil de encontrar. En el fondo de su ser, deseaba que algún día pudiera experimentar algo parecido.  Por otro lado, en casa de Alicia, las cosas marchaban mucho mejor. Con el paso del tiempo, su padre aprendió a aceptar su amistad con Javier. Efectivamente, no estaba listo para compartir a su hija con nadie. De cualquier manera, logró comprender, gracias a la insistencia de su esposa, que su amistad no hacía más que beneficiar a la niña. Entretanto, en la casa de Javier, los gemelos igualmente parecieron aceptar aquella inusual amistad. De repente, los hermanos entraron en la habitación de Javier una tarde después de comer.  —¿Qué haces? —preguntó Carlos al mirarlo con curiosidad. —La tarea de matemáticas —contestó el niño bastante aburrido. —¿Por qué no la haces más tarde? Anda, mejor vamos a jugar fútbol —le sugirió Ricardo con total desfachatez. En cambio, una vez que pronunció esas palabras, su hermano lo volteó a ver con desaprobación. —Déjalo tranquilo. Tiene que terminar sus deberes.  Lamentablemente, Ricardo no estaba dispuesto a desistir. —Vaya, hubiera sido más conveniente que ustedes dos fueran gemelos. Tienen mucho más en común. Son igualmente aburridos.  Súbitamente, Javier volteó a verlo listo para contraatacar. —Querrás decir igual de responsables. No como otras personas —contestó sonriendo. A continuación, Ricardo adoptó gran seriedad en la mirada. Por lo visto, aquel comentario no le parecía divertido.  —¿De qué hablas? Yo soy bastante responsable, pero también sé cómo divertirme. Mejor cambiemos de tema. Dime ¿cómo te va con tu novia? Posteriormente, el chico le dirigió una pícara mirada a su hermano menor, quien lo observaba sorprendido. En ese instante, Carlos también lo observaba con curiosidad. Sin duda, a pesar de que se encontraba en plena adolescencia, nunca había tenido una relación tan cercana con una chica como la de su hermano menor, lo cual le parecía totalmente ridículo. Definitivamente, nunca imaginó que su hermano menor sería el primero de los tres en tener novia. —Bueno, no es mi novia. Es solo mi amiga. Como tú sabes, aún no tenemos edad para esas cosas.  Acto seguido, los gemelos se miraron uno a otro con asombro. Ante tal panorama, debían reconocer que Javier era muy maduro para su edad. Inmediatamente, Carlos acarició su cabeza de forma fraternal.  —¿Sabes algo? Me alegra mucho que tengas una amiga como ella —le dijo. En cuanto escuchó esas palabras, Ricardo lo miró con desagrado. —Lo que me faltaba. ¡No me digas que tú también vas a comprometerte pronto!  Entonces, una escandalizada expresión apareció en su semblante. Como resultado, Carlos comenzó a reír. —Algún día, tú también vas a comprometerte —le dijo de forma definitiva. A juzgar por la expresión de su cara, nada le parecía más repugnante.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR