Tan pronto como entraron a la casa, Alicia llamó a su madre de inmediato. Sin duda, el comportamiento errático de su padre había despertado su preocupación. Definitivamente, nunca antes lo había visto actuar de forma tan extraña. Por consecuencia, creyó que debía informarle a algún adulto de aquella extraña actitud.
—Mamá, ya llegamos —gritó la niña rápidamente. Mientras tanto, Sergio le sonrió en una mueca extraña. Aparentemente, su sonrisa era demasiado tensa. Parecía como si estuviera fingiendo con demasiada obstinación.
En cuanto Yolanda entró al recibidor, saludó a su hija con mucho cariño tomándola en sus brazos. Sin embargo, de repente, se percató de algo inusual en su mirada. Con los ojos, la niña parecía transmitirle algún silencioso mensaje. Súbitamente, la mujer dirigió su mirada hacia su esposo, quien la miraba con la misma mueca de antes. Enseguida Yolanda comprendió que algo había sucedido, lo cual requeriría su urgente intervención. Sí bien deseaba abordar el tema con rapidez, quería indagar un poco antes de hacerlo.
—Y dime cariño, ¿cómo te fue en la escuela? —le preguntó Yolanda fingiendo no notar la tensa expresión en el rostro de su esposa. De pronto, Alicia entendió que su madre se había percatado del problema. Por lo tanto, creyó que podría relajarse.
—Bien, todo estuvo bien. Ahora voy a cambiarme de ropa —le dijo sonriendo. En ese momento, salió del lugar dejando a su inteligente madre encargarse de cualquier cosa que le estuviera sucediendo a su padre. A continuación, Yolanda tomó a Sergio de la mano al brindarle un reconfortante abrazo.
—¿Qué hay contigo, cariño? ¿Cómo te fue hoy?
Por su parte, el hombre intentó contestar. No obstante, en ese instante, pareció darse cuenta de la insoportable tensión de su rostro. Siendo así, se llevó la mano al semblante tratando de relajar su gesto. Efectivamente, Yolanda tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener la risa. Sencillamente, tenía que admitir que aquella expresión era bastante graciosa. Lógicamente, Sergio se percató de su reacción. En tales circunstancias, comenzó a desahogarse.
—Cariño, sé que puedes pensar que estoy exagerando, pero creo que ha sucedido algo que requiere nuestra entera atención.
Ciertamente, Yolanda trató de imaginar qué podía haber causado tal impacto en su esposo. De cualquier forma, aún sin conocer lo sucedido, creyó que, en definitiva, él debía estar exagerando.
—Cuándo recogí a Alicia del colegio, ella me mostró un anillo —le dijo con gran nerviosismo. Claramente, el hombre pensó que esa explicación sería suficiente. De tal manera que esperaba pacientemente alguna reacción en su esposa.
—Ya veo, bueno. A Alicia siempre le han gustado las joyas. La verdad no veo ningún problema en que use algunas en la escuela. Por supuesto, si te opones, podríamos platicarlo.
Inmediatamente Sergio negó con la cabeza. Por lo visto, Yolanda no había comprendido lo que estaba tratando de decirle. Entonces, entendió que, para poder expresarse, tendría que relajarse un poco. En tal caso, comenzó a hacer respiraciones profundas ante la impactada mirada de Yolanda, quien no sabía si reír o llorar frente a tan dramático despliegue. Ante tal panorama, Sergio se percató de lo divertida que parecía Yolanda, por lo cual, lleno de indignación, exclamó:
—No te rías. Esto es algo muy serio.
A pesar de aquellas urgentes palabras, Yolanda no pudo evitar sonreír. Simplemente, creía que nada podría justificar un comportamiento tan cómico en su esposo. De cualquier manera, comprendió que, como esposa amorosa, su deber era apoyar a su pareja en todo momento. Como resultado, adoptó un semblante serio y se dispuso a escuchar con severidad lo sucedido.
—Ese no era un anillo cualquiera.
Mientras hablaba, Sergio intentó buscar las palabras correctas para expresarse. Desgraciadamente, no parecía encontrarlas.
—¿Recuerdas a ese niño llamado Javier?
Al escuchar ese nombre, Yolanda pareció comprender un poco la preocupación de su esposo. En cualquier caso, se limitó a asentir a la vez que colocaba su mano sobre el hombro de Sergio tratando de hacerlo sentir mejor.
—Lo que pasa es que ese niño le dio un anillo a Alicia. ¿Entiendes lo que te digo? Le dio un anillo —De nuevo, el hombre creyó ser muy claro en su explicación. Desafortunadamente, Yolanda seguía sin poder entender lo sucedido.
—Ya veo, ¿Qué tipo de anillo le dio y por qué te disgustó tanto que lo hiciera? —preguntó fingiendo preocupación. Evidentemente, el hombre estaba experimentando demasiado estrés. Naturalmente, Yolanda deseaba ayudarlo a relajarse, puesto que no quería que su salud se viera perjudicada por ello. Repentinamente, el hombre la tomó de la mano a medida que la miraba a los ojos con intensidad.
—Le dio un anillo de compromiso —le dijo abruptamente. La expresión en el rostro de la mujer se transformó. Luego de llevarse la mano hacia la boca con asombro, una sonrisa surgió en sus labios, la cual, a toda prisa, intentó suprimir.
—Seguramente, estaban jugando. ¿Qué tipo de anillo le dio? Francamente, no creo que le haya regalado un diamante.
Indudablemente, al escuchar sus palabras, Yolanda comprendió a grandes rasgos lo sucedido. Realmente, creía que su esposo estaba exagerando al reaccionar así, aunque, al saberlo un padre sobreprotector, entendió aquel comportamiento infantil. Posteriormente, lo llevó hacia la sala para que tomara asiento.
—Era un anillo de papel, pero eso no importa. Es decir, lo que importa es su escandalosa intención. Tenemos que pensar esto con claridad. Obviamente, tendremos que hablar con los padres de ese niño. Estoy seguro de que ellos disciplinarán a su hijo para evitar cualquier problema.
En tal situación, Yolanda no pudo evitar reír.
—Espera un momento, Sergio. ¿No te parece que estás exagerando un poco? Después de todo, son solo niños. Yo creo que entienden bastante bien que esas son cosas de adultos.
Sin lugar a dudas, Sergio sabía que su hija entendía esa situación, ya que ella misma había mencionado que no se casarían hasta que fueran mayores. Pese a ello, el hombre pensaba que Yolanda no estaba tratando el asunto con la debida seriedad.
—Desde luego, ellos lo ven como un juego, pero si no hacemos algo ahora, más adelante, la situación podría salirse de control. Honestamente, no conocemos bien a este niño ni a su familia.
Innegablemente, Yolanda conocía muy bien a su esposo. Por tal motivo, sabía que era un buen hombre poseedor de un gran corazón, pero a veces se dejaba llevar por sus temores especialmente cuando se trataba de su familia. Finalmente, para él, no había nada más importante en el mundo que su esposa y su hija.
—Cariño, tranquilízate un momento. En realidad, creo que estás exagerando. Javier es un buen niño. De hecho, su amistad le ha ayudado mucho a Alicia en esta transición. Tú sabes lo difícil que ha sido para ella hacer amigos. Por tal razón, te pido que seas más comprensivo. No creo que a Alicia le agrade saber que no te cae bien su mejor amigo. Tú lo has dicho, son niños. Estoy segura de que no va a pasar nada que ponga en peligro la seguridad de tu hija. Al contrario, Javier la está ayudando mucho a adquirir una mayor seguridad.