Llevo inconscientemente la mano a mi abdomen, mientras con la otra me sostengo. Mis oídos zumban, siento las piernas débiles, es como si he perdido las fuerzas para mantenerme en pie. Termino sentándome, respiro pausadamente mientras observo el sobre. Esas palabras que solo causan terror. —¿Se encuentra bien? —escucho esa voz. Me exalto, escondo el sobre y le miro con una sonrisa forzada. Una sonrisa que no llega a mis ojos, y contrasta con mi rostro pálido. Nerviosamente agarro la botella de agua, la intento abrir, pero mis manos sudorosas y débiles, lo complican todo. —Sí, estoy bien —su ceño se frunce mientras intento desesperadamente abrir la botella. —¿Me permite? —estira su mano, solicitando la botella. Sin meditar, se la extiendo. Pronto la agarra entre sus dedos, rozando

