Nos mentiste.

1716 Palabras

Dana viene a invitarme a cenar, también a traer una cama para Mishi, pequeño detalle que agradezco. Tomo esta última con gratitud, pero inmediatamente me niego a bajar al comedor. Una sensación abrumadora de vergüenza me invade ante la simple idea de estar sentada en el comedor con él, compartiendo el mismo espacio después de lo sucedido. Los nervios hacen que mis manos tiemblen mientras sostengo la camita para mi gato, quien me observa con curiosidad desde el rincón de la habitación. —No tengo hambre, lo juro —declaro con toda la convicción que puedo reunir, pero el sonido traicionero de mis tripas me delata. Mi estómago, ese órgano rebelde, decide justo este momento para contradecir mis palabras, sonar. —¿Sabías que jurar en vano es pecado? —me recuerda Dana con una sonrisa.

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