Agnese. —Almorzaremos con nuestros padres y hermanos, así que no hay necesidad de que nos escolten hoy —dije, tratando de que mi voz sonara lo más natural posible. —Imagino que quieren un momento de intimidad familiar —respondió Valenty con una sonrisa comprensiva. Yo me limité a asentir, sintiendo el peso de la mentira en el pecho. No sería un almuerzo ordinario. En realidad, era la culminación de una trampa meticulosamente orquestada por Ágata. Mi gemela había coordinado el encuentro con ese hombre que reclamaba ser nuestro segundo padre justo el día en que nuestra familia rusa vendría de visita. Era hora de que las piezas encajaran, o de que todo saltara por los aires. Necesitábamos la verdad sobre nuestro secuestro, costara lo que costara. —¿Y Ágata? —preguntó Richard, ajustándose

