—Es un placer seguir haciendo negocios con usted, señorita White. Le di la mano al gerente del hotel y salí de su oficina con una sonrisa. Revisé mi teléfono, no había llamadas ni pendientes, Brianna había salido esa tarde del hospital y pensé que no sería demasiado prudente visitarla ese día. Así que, aprovechando mi tarde libre, decidí ir por primera vez a uno de los mejores restaurantes de Montreal, el cual también estaba en ese hotel. Fui al restaurante en el piso número veintidós y le sonreí al hostess. —Hola. Quisiera una mesa para una, por favor. — ¿Tiene reservación? —preguntó él. —No, pero soy cliente del hotel. — ¿Está hospedada aquí? —No exactamente, pero… —Lo siento, sin una reservación no puedo darle una mesa. —Estoy viendo que tiene mesas libres —me quejé. Disc

