Todo un parto.

1587 Palabras
Brianna gritó y eso hizo que yo gritara, además del hecho de que seguía clavando sus uñas en mi piel. Yo, como una cadenita, clavé mis uñas en el brazo de Logan. La gente volteó en nuestra dirección y, mientras yo intentaba calmar a Brianna sin tener idea de qué decirle, Logan ya estaba llamando a una ambulancia y explicándole a los invitados lo que estaba sucediendo. Brianna seguía gritando. — ¡Brianna, necesito que te tranquilices! —le gritó mi hermana de vuelta. Todos se había congregado a nuestro alrededor y Aria estaba horrorizada por los gritos de dolor de Brianna—. Recuéstate en el piso, déjame ver qué tan dilatada estás. — ¡No quiero que todos vean mi v****a! —chilló. Hubiera sido gracioso escuchar eso si no fuera porque yo estaba en pánico casi tanto como Brianna. La gente se alejó al oírla y Brianna se recostó en el pasto, fue una suerte que usara vestido y que Elena sólo tuviera que alzar la prenda un poco y echar un vistazo. —El bebé ya viene —dijo Elena; Brianna gritó más y me hizo más daño, y yo a Logan—. Tienes unos ocho centímetros de dilatación. Debemos llevarte al hospital ya. —Ya llamé a la ambulancia —dijo Logan—, supongo que no tarda. —Brianna, ya no pujes más, te estás cansando y puedes precipitar el parto —dijo Elena. Brianna se quedó tiesa en medio de una contracción y gritó sin sonido. — ¡Llévenme al hospital! ¡YA! —Mi hospital está cerca de aquí —recordó Elena—, podríamos… —Ya estoy llamando al chofer —la interrumpió Logan—, mi auto está listo para ustedes. Elena y Logan ayudaron a Brianna a levantarse y yo no tenía idea de qué hacer. Addison dijo que una de nosotras debía acompañarla porque Gabriel no estaba y esa “una de nosotras” era yo. En medio del caos lo único que recordé hacer fue tomar mi bolso y asegurarles que las llamaría con noticias. Addison dijo que ella se encargaba de llamar a Gabriel y que iría en cuanto pudiera tranquilizar a Aria, quien más que nunca estaba feliz que tener una cesárea próxima y no un parto natural. Elena y Brianna ya habían subido a la parte trasera de la camioneta de Logan, él dejó la puerta abierta para que yo subiera con ellas y luego él subió al frente dándole las órdenes a su chofer. —Tranquila, Brianna. Tienes que respirar profundamente —le decía mi hermana. — ¡No quiero que mi bebé nazca en un auto! —lloró ella. —Todo estará bien, Bri —aseguré, aunque no tenía ni idea—. Elena ya está avisando al hospital para que te reciban cuanto antes. —Sáltate el semáforo, Peter —ordenaba Logan, él conservaba la calma al igual que Elena. Brianna seguía gritando, estaba sudando y también lloraba porque no quería que su bebé naciera todavía. — ¡Perdón por quejarme de cuánto pesabas, bebé! —gritó, desesperada. Llegamos al hospital en los quince minutos más largos de la vida, nos recibieron en la entrada de urgencias y ya tenían la camilla lista para llevarse a Brianna con ellos. — ¿Usted es el padre? —No —le respondió Logan a la enfermera. —Ya viene en camino —dije yo. Cuando Logan y yo nos quedamos solos en la sala de espera la cosa se volvió rara, él no era amigo de Brianna y yo apenas lo conocía, pero ahí estuvo, ayudándonos cuando la situación lo requería. —Brianna me debe unos zapatos de trescientos dólares —me quejé al ver mis pies y mis zapatos de tacón manchados—. No creo que el líquido amniótico se pueda lavar de la gamuza —Logan soltó una carcajada—. No te rías, es asqueroso. —Como que siempre te tiene que pasar algo extraño. —Ya lo sé, no me lo merezco —cerré los ojos y suspiré, cuando volví a abrirlos vi la camisa de Logan manchada con unas gotas de sangre donde mis uñas se habían clavado—. Oh, por Dios. Lo siento tanto, no creí que te estuviera lastimando así. —Algo de mí creía que lo hacías a propósito. —No, no. Cómo dices eso. Lo siento mucho. —Estoy bien, no te preocupes. —Es que Bri me estaba poniendo muy nerviosa, sé que ella estaría más, pero… no pude evitarlo. —Es normal. Tenías una cara… — ¡Livvy! —llamó alguien. Gabriel, con el cabello largo cayéndole sobre la cara y la camisa desfajada, llegó a la sala de espera corriendo y hablando a la velocidad de la luz—. ¿Ya nació el bebé? ¿Qué fue? ¿Dónde está Bri? ¿Ellos están bien? —Tranquilo, Gabriel —pedí—. Aún no sé nada, los metieron en cuanto llegamos y aún no sale nadie a decirnos qué pasa. Pero mi hermana entró, cuando todo se calme seguro sale a decirnos algo. —No debí ir a trabajar hoy. Vine en cuanto Addison me llamó —se sentó en la silla frente a mí y pasó sus manos por su cabello, la verdad no parecía muy consciente de los demás—. Bri y yo teníamos un plan, yo debía estar con ella. Eso era muy dulce. —Estoy segura de que todo saldrá bien. No sé por cuánto tiempo esperamos, Gabriel iba a hablar con las enfermeras para pedir información cada cinco minutos y no servía nada lo que le decía para tranquilizarlo. Lo único que lo calmó fue ver salir a Elena y al gineco-obstetra a la sala de espera y decirle que su esposa y su hija estaban bien, sanas y felices. Gabriel gritó de alegría y luego se lo llevaron a la habitación de Brianna para ver a sus chicas, yo me mantuve en la sala porque ese también era su momento, no el mío. Addison, Carter, Aria, Jace y la mamá de Brianna llegaron al poco tiempo después de que los llamé con noticias, todos estaban muy felices, en especial su madre, pues ella fue de inmediato a ver a su hija y su nieta. —Liv, tengo que irme —dijo Logan. La verdad es que su presencia no me incomodaba o llamaba la atención más de la cuenta, fue como si fuera parte de nuestro grupo, pero cuando se despidió de mí, fue evidente que me equivoqué—. Me alegra que todos estén bien. Felicita a Brianna de mi parte. —Gracias por lo que hiciste —dije—. Me aseguraré de que te inviten al bautizo. Cuando nos dijeron que llevaron a la bebé a los cuneros, Aria, Addison y yo fuimos juntas a ver a la nueva y pequeña m*****o de la familia. Mis amigas y yo podríamos ser distintas y yo podría no compartir las mismas experiencias, pero todas, sus hijos y sus esposos, formábamos un gran grupo unido. La bebé tenía los ojos de Bri, eso era de lo único que estuve segura. —Se parece a Gabriel —aseguró Addison. —Yo digo que a Bri. —Yo no le veo parecido a nadie —admití—, pero es hermosa. Miren qué tranquila duerme. —Después de los gritos de Bri yo también estaría dormida —dijo Addison—. Olvidó todo lo de las clases de preparación para el parto. —Tú también gritaste con Avery —le recordé. —Pero no tanto. Y mucho menos con Liam, con él llegué por mi propio pie al hospital. —En definitiva, no quiero un parto natural —dijo Aria, llorosa—. No quiero que nazca, en realidad. Mejor que se quede dentro. Estoy muy asustada. —Amiga, lo harás bien —Addison la abrazó y Aria se acurrucó con ella, demasiado asustada de lo que le esperaba—. Además, tendrás una cesárea, todo será mucho más tranquilo. —Y piensa cuando ya tengas la bebé Camille contigo —le recordé—. Todo habrá valido la pena. Aria lloró un poco más. La bebé estaba en el cunero más cerca a la ventana y parecía que estaba más despierta que nunca, mis amigas y yo la saludábamos tontamente y decíamos cumplidos para ella sin importar que no nos entendiera. —Chicas —llamó Gabriel, interrumpiendo nuestra constante admiración hacia su hija—. Bri está despierta, por si quieren ir a verla. —Gracias. —No hemos comprado nada —les recordé. Así que fuimos a la tienda de regalos y compramos un montón de globos, peluches innecesarios y otras cosas que nos parecieron lindas. Fuimos a su habitación en el hospital y Brianna lucía sumamente cansada, pero también había una sonrisa tatuada en su rostro y un brillo en su mirada que era difícil ignorar. Se olvidó del dolor del parto y del miedo que tenía, sólo nos contó sobre lo dulce que era su bebé y los posibles nombres que Gabriel y ella estaban pensando. Nos sentamos en la cama junto a ella y recordé nuestros tiempos en la Universidad, diferentes problemas, más jóvenes y sin idea de lo que pasaría después en nuestras vidas; ahí estábamos, varios años después con muchas anécdotas entre nosotras, pero con el mismo cariño de siempre. Y esperaba que así fuera para toda la vida. 
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