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La secretaria del CEO posesivo

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multimillonario
venganza
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HE
los opuestos se atraen
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arrogante
heroína genial
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sin pareja
pelea
campus
ciudad
Oficina/lugar de trabajo
crush de la infancia
de enemigos a amantes
assistant
seductive
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Descripción

Ellie Morgan, una joven determinada y con agallas, consigue el trabajo de sus sueños, pero no todo es color de rosa cuando se topa con Marco Castellano, el hijo del jefe: un tipo arrogante, de mirada penetrante y actitud de mandón. Desde el primer encuentro, las chispas vuelan entre ellos, pero no del tipo romántico... o eso cree ella. Ellie no está dispuesta a dejarse amedrentar ni por su jefe con aires de modelo ni por la montaña de tareas que se le vienen encima. Sin embargo, la vida en la oficina se vuelve un campo de batalla donde cada cruce con Marco la saca de quicio y, sin querer, despierta en ella emociones que ni quiere ni entiende. Él, por su parte, disfruta provocándola, complicándole la existencia y dejando claro quién manda, aunque de vez en cuando deje entrever un lado que la desarma. Mientras Ellie lidia con jornadas, salidas con amigos y momentos de desconexión que acaban más caóticos de lo esperado, Marco sigue apareciendo en cada rincón, como una sombra. Entre miradas intensas, comentarios afilados y situaciones que pintan lo imposible, Ellie se enfrenta a un jefe que le altera el pulso y a un trabajo que, para su sorpresa, se convierte en la mayor prueba de su vida… tanto profesional como personal.

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Conociendo al sexy jefe
—Ellie, esto será pan comido, ya verás —masculló para sí misma mientras se examinaba críticamente frente al espejo. Llevaba unos pantalones negros ajustados que le resaltaban la figura, una blusa sencilla y unos tacones altos que, por suerte, podía aguantar sin problemas. Su atuendo lo completaba un poco de maquillaje y su larga melena castaña cayendo libre sobre los hombros. No quería dar una mala impresión en su primer día de trabajo, así que había pasado más de una hora preparándose en el baño, cuando bien podría haber dormido otro rato. Pero bueno, ¿qué no harías por un trabajo bien pagado? Claro, podría haber seguido trabajando de mesera, pero ¿eso era lo que quería hacer toda su vida? Probablemente no. Después de años rompiéndose la cabeza estudiando y echándole ganas, quería un trabajo donde pudiera demostrar sus habilidades de verdad. Con el corazón latiéndole como si fuera a salirse del pecho, Ellie miró el edificio frente a ella. Era una torre imponente, de esas que te intimidan con solo pararte enfrente. Y si eso no bastaba, la gente que entraba y salía con caras serias y pasos apresurados terminaban de ponerle los nervios de punta. Respiró hondo y se dirigió directo a la recepción. —Buenas tardes, tengo una entrevista de trabajo con el señor Castellano. Soy Ellie Morgan —dijo, esforzándose por sonar educada y segura. La recepcionista levantó la mirada con una sonrisa cordial. —Señorita Morgan, puede subir directamente a la planta cuarenta. Allí la están esperando. —Gracias —respondió Ellie, devolviendo la sonrisa antes de meterse al ascensor. Al llegar a la planta cuarenta, la asistente personal la recibió con amabilidad y la llevó directo al despacho. —Señorita Morgan, hemos revisado sus datos y estamos muy satisfechos. Ahora le explicaré cuáles serán sus tareas —le informó la asistente con voz profesional. Ellie asintió, concentrada al cien. —Su principal tarea será asegurarse de que el señor Castellano llegue puntual a todas sus citas y que los informes estén completos y sin errores. Habrá más responsabilidades con el tiempo, pero eso es todo por ahora —añadió—. El señor Castellano padre ya está en edad de retirarse, así que su hijo, Marco Castellano, también dirige la empresa. Pronto él se hará cargo por completo. —De acuerdo, haré mi mejor esfuerzo —respondió Ellie, con determinación. La asistente, que ahora parecía un poco más relajada, sonrió. —Por cierto, soy Tessa. Te observé al principio para ver qué pasaba, pero creo que nos llevaremos bien. Ellie soltó una risita nerviosa, desconcertada, pero agradecida. —Ellie, encantada de conocerte. —Perfecto. Para empezar, clasifica estos documentos. Si necesitas algo, estaré en la oficina de al lado —explicó Tessa antes de salir. Ellie miró el montón de papeles que tenía enfrente, sintiéndose un poco abrumada. Aun así, no perdió tiempo y se puso manos a la obra. La jornada la dejó agotada. Cuando por fin vio la hora, ya eran las 5:30. Salió del edificio directo a su pequeño coche, ese coche compacto que sus papás le habían regalado hacía un año. Justo cuando iba a subirse, un carro n***o y lujoso pasó volando a su lado, tan cerca que tuvo que saltar hacia atrás. —Se creen dueños del mundo solo porque tienen dinero. —murmuró molesta antes de subirse a su coche. Mientras manejaba de regreso, solo podía pensar en una cosa: una buena ducha y una pizza bien grande. A la mañana siguiente El despertador sonó y Ellie lo fulminó con la mirada. Quiso aventarlo contra la pared, pero como también era su teléfono, decidió contenerse. Después de una ducha fría para despejarse, se puso otros pantalones negros ajustados y un top con cordones en el pecho. n***o otra vez, porque combinaba con todo y siempre se veía elegante. Los tacones beige completaron su look. —Ahora si —murmuró frente al espejo. Otro día en la empresa. Un café en mano, se maquilló rápidamente: delineador, máscara de pestañas y el toque de iluminador que le daba vida. Con el bolso listo, salió de casa preparada para lo que el día tuviera reservado. * Cuando Ellie llegó a la oficina, Tessa ya la esperaba junto a la puerta del despacho, luciendo impecable como siempre. —Buenos días, Tessa —la saludó Ellie con una sonrisa ligera. —Hola, querida. ¿Qué tal tu primer día? —respondió Tessa, moviendo su cabello rubio hacia atrás y mirándola con curiosidad. —Bastante bien, sólo que tengo muchísimo que hacer —confesó Ellie, con una sonrisa cansada. Tessa rió suavemente, como si recordara sus propios inicios. —Sí, así es al principio, pero pronto todo se vuelve rutina —dijo, intentando animarla. Ellie suspiró con resignación, pensando “Ojalá”. —Ah, y antes de que se me olvide, hoy llega un nuevo compañero. Compartirás la oficina con él —añadió Tessa, como si fuera un detalle sin importancia. Ellie asintió, sin darle muchas vueltas al asunto. —Vale, de acuerdo. Acto seguido, entró en su despacho mientras Tessa se alejaba con su característico paso seguro. Después de dos horas sumergida entre papeles y correos electrónicos, Ellie sintió que era momento de un café. Pero justo cuando se levantaba de su silla, una sombra bloqueó la puerta. Levantó la mirada y entonces lo vio. Oh, Dios, ¡qué hombre! Frente a ella había una figura alta, masculina y peligrosa. Su cabello oscuro caía en desorden calculado, y sus ojos marrones, oscuros, profundos y brillantes, la miraban con una intensidad que parecía capaz de escarbar en su alma. Sus rasgos eran perfectos, afilados y atractivos, como si alguien los hubiera esculpido con demasiado esmero. Alto, de hombros anchos y postura dominante, el hombre parecía salido de sus sueños más íntimos. Es perfecto. Demasiado perfecto. Espera… ¿ese tipo era su nuevo compañero de oficina? ¡Imposible! ¿Cómo iba a concentrarse con semejante monumento humano ahí? No había forma. —Cuando termines de mirarme tan escandalosamente, ¿podrías decirme dónde puedo encontrar a la señorita Miller? —dijo él de repente, su voz profunda y rasposa retumbando en la habitación. Ellie parpadeó, saliendo de su ensimismamiento de golpe. ¿Qué acaba de decir? —¿Qué? —balbuceó horrorizada, sintiendo cómo el calor le subía a las mejillas. El hombre la observó durante un segundo, evaluándola como si fuera un espécimen interesante, y entonces sonrió. Pero no era una sonrisa agradable, era burlona, arrogante. —¿Eres incapaz de escucharme o simplemente no puedes procesar lo que digo? ¿No tienes esa capacidad? —añadió con tono sarcástico, claramente disfrutando de la situación. La sangre de Ellie comenzó a hervir al instante. ¿Cómo se atrevía? ¿Quién carajos se creía ese tipo? —¿Quién te crees que eres? ¡No eres mejor que yo! ¡Estás mal de la cabeza! —espetó Ellie, pasando bruscamente a su lado para dirigirse a la cocina. Idiota. Arrogante y engreído idiota. Mientras se preparaba el café, intentaba calmarse. Todavía podía sentir cómo le hervía la sangre por dentro. Sí, el tipo era guapo, absurdamente guapo, pero por dentro parecía podrido. Ojalá lo mantuvieran lo más lejos posible de ella. No lo necesitaba ni lo quería en su espacio. Con su taza de café caliente, regresó al despacho dispuesta a seguir con su día, sólo para detenerse en seco al abrir la puerta. Un joven, mucho más amigable a primera vista, estaba sentado en su escritorio. Ellie frunció el ceño, confundida. ¿Y el Adonis arrogante? El joven se levantó rápidamente al verla. —Hola, soy Daniel Reid, tu nuevo compañero de trabajo —se presentó con una sonrisa sincera y amable, extendiéndole la mano. Aún algo desconcertada, Ellie se la estrechó. —Ellie —respondió, intentando procesar lo que acababa de ocurrir. De repente, la voz de Tessa resonó detrás de ella. —Ellie, te presento al señor Marco Castellano, el hijo de nuestro jefe —anunció con naturalidad. Ellie se giró rápidamente y… ahí estaba. Los mismos ojos oscuros y penetrantes. La misma postura arrogante y dominante. El tipo que la había sacado de quicio hacía apenas unos minutos. Marco Castellano la miraba con esa intensidad agresiva y afilada, como si ya estuvieran en medio de una batalla que él planeaba ganar. Oh, rayos. Estoy jodida.

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