Su madre resopló, indiferente. Siempre había tenido muy mala opinión de los hombres. —¿A quién le dispararon? —preguntó. ——Sebastián para Ingrid y Nicolás para María Paz —respondió Silvia. Las delgadas cejas de su madre se alzaron. —¿María Paz? —repitió, luciendo muy sorprendida. Silvia sonrió. —Se ven tan lindos juntos —dijo—. Bueno, todavía no están juntos, pero creo que podría gustarle... Una mirada fugaz e indescifrable cruzó el rostro de su madre. Se desvaneció al instante, mientras preguntaba con indiferencia: —¿Y tú? ¿Conociste a algún buen chico? —No, no —rió Silvia nerviosa—. Yo no. —Silvia... —su madre la miró con una ceja levantada. Su hija siempre había sido una mentirosa terrible—. —B-bueno —corrigió Silvia—, había un tipo que me regaló una paloma enjaulada. La solt

