Abombada y aturdida cuando moví apenas los dedos de la mano, los sentí pesados, con un intento fallido por moverme, logré hacerlo después de despertar todos mis sentidos. Estaba exhausta y satisfecha, bastante para que fuera una simple visita de convencimiento hacia mi paciente s*****a, que por cierto estaba derrotado a mi lado después de tener una sesión de sexo salvaje y dominante. Me senté en la cama y no pude evitar quejarme en voz alta, pero Joaco sólo se puso de costado y siguió durmiendo, lo cual agradecí porque lo necesitaba así. Ignoré cualquier tipo de pensamiento de pesadez, aunque la sonrisa en mi cara era imposibilite de controlar, me había dado duro y eso lo sentía en todo el cuerpo, recordar la noche me llenaba el alma, fue una de las mejores noches que pasamos pero a ceni

