Apagué la alarma lo más rápido que pude y saliendo del agarre de Joaquín me levanté para buscar ropa, su remera había quedado cerca y me la puse para bajar y prepararle el desayuno como tenía pensado. La noche había sido perfecta, me acordaba y más mi sonrisa se ensanchaba, no podía sacarla, me sentía una estúpida, mi cara se iba a partir pero todo fue hermoso, muy natural para no tener nada pensado, salió de nosotros tal cual lo sentíamos y eso lo hizo mucho más especial. Bajando los escalones pisé algo descalza y cuando me di cuenta era al anillo que me había sacado en la noche, el de Leo, lo levanté y lo llevé conmigo hacia abajo, abrí el ventanal grande que salía al balcón para acercarme a la baranda y tirarlo lejos liberándome al fin. Sonreí para mí y volví a entrar, fui al baño y de

