CUARENTA Y DOS.

2677 Palabras

Sin decirlo realmente los dos nos dimos a entender que lo nuestro no iba a terminar, no era lo que había ido a buscar cuando quise recuperar mis regalos, pero era lo que me llevaba y lo que quería, después de todo era lo que necesitaba. No dejamos de besarnos y él se impulsó para levantarse y llevarme encima hasta arriba mientras yo lo besaba y acariciaba su cara, su barba estaba crecida y se rosaba entre mis besos haciéndome mínimas cosquillas que me encantaban, la llevó a recorrer casi todo mi cuerpo con su boca mientras me desnudaba despacio y sin apuro. Mi intimidad me dolía un poco y por extraño que pareciera no estaba sangrando, no me importaba de todas maneras porque realmente necesitaba una dosis de sexo salvaje, Leo y su misionero me tenían más aburrida que ver una película de tr

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