A la mañana siguiente, Katherine despertó lo más temprano que pudo. Corrió a la habitación de sus padres, pero, al abrir la puerta, encontró a su madre bañada en llanto. Ya era tarde. Su padre se había ido, dejando tan solo una carta, donde se despedía de las dos y explicaba el porqué de su partida, mencionando también que dejaba la mitad de la herencia para Katherine, mientras que la otra mitad sería para él.
- ¿Por qué, porque hizo esto, hija?-entre llanto y dolor preguntaba la Sra. Blake a Kath-Si éramos tan felices ¿En qué fallé? Imagínate lo que van a decir de mí.
- Tranquila mamá. Yo tampoco entiendo porque lo hizo, pero estoy segura que ni tú ni yo fallamos en nada. Y no te preocupes por lo demás, trataremos de que nadie se entere.
- ¿Qué? Eso es imposible, en un par de horas toda España lo sabrá. Es más, ya alguien debe haberlos visto. No dudes que la noticia ya se esté corriendo (Sigue llorando).
Sabiendo que su madre tenía razón, a Katherine no le quedó otra alternativa más que quedarse callada, y en lo más recóndito de su mente, se despertaban pensamientos un tanto retorcidos, que ella misma trataba de eliminar de inmediato de su mente, pero estos se hacían cada vez más grandes cuando por las calles la gente la miraba como si la que hubiese cometido un acto de deshonor, hubiese sido ella y no su padre. Un año después, el dolor apenas desertaba del cuerpo de Katherine, y aunque había hecho todo lo posible por olvidar lo que su padre le había hecho pasar, jamás pudo perdonar que el hombre al que tanto admiraba y alguna vez amó, fuese el primer hombre que le rompiera el corazón.
Un día, Katherine se encontraba en su habitación probándose algunos vestidos junto con su prima Griselda (una chica bella pero envidiosa, que silenciosamente añoraba todo lo que Katherine tenía), cuando de repente, una de las servidumbres (que llevaba por nombre Vera) entra exaltada a la habitación.
.- ¡Srta. Katherine, señorita!- grita la servidumbre Vera.
- ¿Qué pasa Vera, por que entras así, ha pasado algo malo?
- No señorita, es solo que, allá abajo-comenta titubeando de nervios- está el joven Carlo Cóndor. Ahora está platicando con su madre, pero a quien quiere ver es a usted.
- ¡No puede ser! Ese sangrón en mi casa. No me interesa verlo. Así que baja y dile que se vaya de aquí.
- Pero, prima ¿Tan descortés vas a hacer con el pobre Carlo? ¿Por qué no le das una oportunidad? Ha venido de tan lejos solo para verte – exclama su prima Griselda.
- claro, pobre jaja- ríe en forma de burla-, ha venido de tan lejos para nada. Y en todo caso, prima Griselda ¿Por qué no bajas tú? Tengo entendido que es de mucho agrado para ti.
- Lo era, antes de saber que estaba muy interesado en ti. Además, ni siquiera estás segura a lo que ha venido. Qué tal si lo que viene a decirte son noticias de tu padre.
-(mirando hacia la puerta y tratando de no dar un paso hacia ella, se queda pensando por un momento y al final decide bajar)- tienes razón Griselda, no pierdo nada con bajar a ver que se le ofrece (Vera y Griselda bajan atrás de ella).
Una vez que han bajado, Katherine se acerca dudosa a Carlo, quien se encontraba platicando con la Señora Blake.
- ¡Buen día, Carlo! ¿Qué le ha traído por aquí? – Saluda Katherine
- Hermosa Katherine- se inclina y le besa la mano. Después saluda cordialmente a Griselda-. Sin duda alguna he venido a visitarlas.
- (La Sra. Blake interrumpe a Carlo) Hija, el Joven Carlo, ha venido a ofrecernos su ayuda. Ya que tu padre nos ha dejado solo la mitad de la herencia y hace un año que no hacemos nada por incrementarla. Carlo ha venido a ayudarnos y enseñarnos a administrar las tierras y el dinero que tenemos.
- ¿Es cierto, Carlo?-Pregunta Katherine poco convencida y con una mirada de sospecha y desconfianza- En ese caso se lo agradecemos, pero nosotras estamos bien, no necesitamos su ayuda.
- Lamento decirte, querida Katherine que he aceptado la ayuda de Carlo. Así que de hoy en adelante ésta también será su casa. ¡Acostúmbrate!, además estoy segura de que si pones de tu parte podrán llevarse muy bien-Camina hacia Katherine, la toma del brazo y en forma de secreto continua diciéndole-Ya es hora de que socialices con un buen muchacho y te dejes de andar rechazando a todo aquel que se te pone en frente- Voltea a ver nuevamente a Carlo y se despide-Hasta pronto Carlo. Gracias por venir, los sirvientes le mostraran su habitación.
Ya sin una palabra más que decir, Katherine mira a su madre con desacuerdo. Ni siquiera se despide, simplemente se da la vuelta y sube a prisa a su habitación, antes de que el coraje la haga decir o hacer algo de lo que después pueda arrepentirse.
El día siguiente, Katherine se encontraba en el jardín buscando catarinas, y platicando con su amigo Arturo. Carlo llega para platicar con Katherine.
- Buen día Katherine. Ya veo que las catarinas te gustan mucho ¿verdad?
- Buen día Carlo- Contesta sin mirarlo a los ojos, haciéndole saber que solo le responde por cortesía- Así, es. Son muy lindas, me encantan. Desde pequeña las colecciono por un par de días y después las dejo libres nuevamente.
- claro, como bien lo has dicho son muy lindas, pero no se comparan en lo absoluto con tu belleza.
- Carlo, no empecemos con este juego, por favor. Si quiere iniciar una conversación conmigo, le aseguro que sus halagos son lo menos indicado para hacerlo- contesta Katherine, dándose media vuelta para alejarse de él.
- está bien, está bien, Katherine, perdona- replica el joven hombre, tomándola del brazo para no dejarla ir-, es solo que ya no encuentro la manera de acercarme a ti. De verdad no se qué te he hecho para que me odies así, ¿Por qué no me das una oportunidad? Así te darás cuenta que no soy el hombre pedante que tú piensas. Mira te propongo un trato: empecemos desde cero, como si nada hubiese pasado. Ya que estaré aquí trabajando con ustedes, intentemos ser amigos, o por lo menos llevarnos bien. ¿Qué dices?
- Respirando profundamente y soltando su brazo de la mano de Carlo, se da cuenta que quizá está cometiendo un error al juzgarlo tan fuertemente. Así pues lo mira a los ojos, le sonríe sutilmente y le estrecha la mano-Está bien, Carlo, creo que tienes razón. Empecemos desde cero y tratemos de llevarnos lo mejor posible.
Carlo le devuelve la sonrisa, aunque la suya es mucho más grande, y decide invita a Katherine a dar una vuelta por el jardín. Mientras se alejan caminando, Arturo los despide con la mirada fija en ellos.
Así, durante 8 meses, Katherine había hecho todo lo que estaba en sus manos para tratar de llevarse bien con Carlo. Él por su parte, había hecho más que eso para ganarse su confianza, lo que había rendido frutos, pues poco a poco Katt comenzó a sentir por Carlo algo más que simple agradecimiento.
Al siguiente mes, mientras Kath se encontraba, como muchas veces, merodeando por el jardín, Carlo apareció con una hermosa rosa y se la entregó, seguido de un acto maravilloso de palabras de amor y culminando en una propuesta de matrimonio.
-Querida Katherine. Sabes que desde aquella fiesta de presentación en que te conocí, lograste tener toda mi atención, pero durante este tiempo en que hemos convivido más, me he dado cuenta que no eres aquella chica dura e impenetrable que aparentas; al contrario, eres la mujer más dulce que conozco, inteligente y divertida, y, si antes de conocer tus sentimientos, robaste mis miradas, ahora te digo abiertamente que me has robado por completo el alma y el corazón – comenta Carlo en forma casi de verso y poesía.
- Carlo- Contesta, agachando la mirada, como escondiendo mucha vergüenza por su comportamiento-, tengo que decirte que lamento haberme portado así contigo, pero, es que he pasado por tantas cosas que no podía dejar que alguien más me rompiera el corazón. Sé que no tenías la culpa, pero yo…
- Interrumpe a Kath antes de que termine su discurso de disculpa- Hermosa Kath, no digas mas, pues yo te comprendo, y en el fondo sabía que tenías un gran corazón, por eso insistí en que me trataras, para que te dieras cuenta que no soy una mala persona, y que lo único que quería era que me brindaras una oportunidad de convivir contigo y quizás, algún día llegar a conquistarte.
- Te agradezco que pienses así, y sobre todo que hayas insistido y aguantado mis desplantes. Ojalá aún después de lo que te he hecho sigas queriendo que “ese día llegue”, pues debo confesarte que siento que “ese día es hoy”. Has cambiado todo en mi, jamás pensé que sentiría algo parecido a lo que siento hoy por ti y ya no pienso ocultarlo más; sin embargo, también entenderé que me rechaces, después de cómo me he portado contigo.
- pero ¿Qué dices Kath? ¿Estás segura de lo que me has dicho? Me has vuelto el chico más feliz de toda España. Gracias, gracias por aceptarme; gracias por tratarme y conocerme, pero sobre todo, gracias por hacerme saber lo que sientes por mí, porque yo no podría esperar más para pedirte lo siguiente- acto seguido, Carlo mete la mano a su bolsillo y saca una preciosa sortija. Se pone de rodillas, mientras le toma la mano a Katherine-: Kath, hermosa Kath. Deseo desde lo más profundo de mí ser que aceptes ser mi esposa. No tienes que contestarme ahora, pues deseo que tu respuesta sea por convicción y no por “cumplir con una tradición” ni por otro compromiso que no sea el de amarme por el resto de mi vida.
Por un momento Kath, quedó atónita, pero después, una sonrisa se dibujó en su rostro. Había logrado sentir mucho cariño por él, y pensó que quizá había pasado mucho tiempo rechazando a todo aquel hombre que se acercaba a ella, por ello su respuesta fue un “sí” entusiasta y lleno de ilusiones.
Esa misma tarde todos los que vivían en la mansión Blake fueron enterados de la gran noticia. Algunos por supuesto estaban felices, otros eran indiferentes, pero había a quienes la noticia no les había caído tan bien como se esperaba.
La siguiente mañana, Katherine y Carlo decidieron desayunar juntos para continuar hablando sobre los planes de boda, mientras Griselda, la celosa prima los observaba desde su alcoba, y Arturo, el pobre jardinero los miraba con profunda tristeza disimulando podar algunos arbustos.
- Carlo, creo que debemos ofrecer una cena para anunciar nuestro compromiso ¿no crees?
- Así es mi querida Kath, esta gran noticia debe saberse por toda España. Pero, tengo una propuesta: tu cumpleaños es en 3 meses ¿Por qué no lo celebramos con una gran fiesta y ahí mismo anunciamos nuestro compromiso?
- con una sonrisa contesta-Sí, es una excelente idea, ese es un perfecto día.
Así, en febrero se llegó el tan esperado cumpleaños de Kath. En el salón principal de la mansión todo estaba listo. Deliciosos bocadillos, hermosos arreglos con flores frescas. Los invitados acudían al evento cada cinco minutos. Pero Katherine aún se encontraba en su habitación terminando de adornarse. Lucía un magnífico vestido confeccionado por su madre, quién había optado por dárselo como regalo de cumpleaños, ya que además de bello, hacía alusión a la colección favorita de Kath: las catarinas.
Mientras buscaba en su tocador un accesorio que pudiese hacer juego con su elegante vestido, ninguno la convencía, pero entonces recordó que cuando cumplió 15 años, Arturo (su amigo el jardinero) le forjó como regalo un precioso dije en forma de Catarina, pero lo había dejado olvidado en su antigua habitación, la cual se encontraba muy al fondo de la mansión. Katherine casi lista, bajó corriendo rápidamente a su antigua recamara a buscar el colgante, pero antes de abrir la puerta escuchó algunos susurros en el cuarto de al lado, lo que le pareció muy extraño, así que acercó su oído a la puerta, que se encontraba entreabierta, para asegurarse de lo que pasaba. Cuando por fin pudo escuchar que alguien conversaba, reconoció las voces de su prima Griselda y su prometido Carlo, quienes se ocultaban en esa habitación para poder hablar a solas, por lo que Kath decidió no interrumpir y escuchar con atención la que le pareciera una extraña plática.
- Pero Carlo, falta mucho tiempo. No creo poder esperar tanto.
- Por favor Griselda, no te desesperes. Solo faltan unos cuantos meses. Escucha, en dos meses me caso con tu prima. Un mes después la mandamos junto con su madre a un viaje; en el camino las asaltan; los malhechores las desaparecen, y así yo me quedo con su fortuna y después me caso contigo. El plan está hecho, solo es cuestión de esperar un poco más.
Al oír tal cosa, Katherine se retira de la puerta, aún sin poder creer lo que escuchaba, lleva su mano a la boca para contener con ella su grito de rabia, misma que ahora sentía por haber descubierto las malas intenciones de su prima y de su prometido. Mil cosas pasaban por su mente, quería gritarles en ese momento cuanto los odiaba pero por algún extraño motivo no dijo nada. Pasó al salón principal para presentarse ante los invitados e hizo como si nada sucediera. Anunciaron su compromiso y la fiesta se llevó a cabo sin ningún aparente problema.
Durante la mañana siguiente Kath no quiso salir de su recamara, fingiendo que se sentía un poco mal, cuando en realidad el odio y la impotencia le carcomían el alma. Un par de horas después, Arturo se apareció en el ventanal de su alcoba, logrando subir hasta la terraza de su cuarto por las ramas que crecían en la pared. Dio dos toques en el cristal y Katherine sorprendida corrió hacia él para dejarlo entrar.
- Arturo ¿Qué haces aquí?
- Me enteré que te sentías un poco mal, y ayer entre tanta gente, y tu tan emocionada con lo del compromiso no pude darte tu regalo –Extiende su mano y le entrega un pequeño bulto rojo a Kath, ella lo abre y descubre el dije que él alguna vez le regaló.
- ¡Mi medallón!- Exclama Katherine, alegre.
- Sí, hace un par de meses, Vera (la sirvienta) me pidió ayudarle a mover algunos muebles de tu antigua habitación, y lo encontré tirado en un rincón, estaba un poco sucio, viejo, y algunas piedras se le habían caído. Lo tomé para repararlo, y hasta le puse un listón de tela para que te lo puedas colgar, pero decidí que te lo daría hasta el día de tu cumpleaños.
- Gracias Arturo-le da un abrazo y se coloca el colgante en el cuello-. Qué bueno que estés aquí, necesito contarte algo que me ha estado matando desde anoche. Debes prometer que no dirás ni una sola palabra de esto.
Después de prometer no decir absolutamente nada, Arturo se sentó y Kath comenzó a contarle lo que había descubierto la noche anterior. Una hora transcurrió y Arturo salió del cuarto para volver a su trabajo, con la promesa de ayudar a Kath con algún plan para descubrir a Carlo y Griselda.
Dos días después, Griselda se encontraba husmeando en la recamara de Kath, cuando escucho venir los pasos de alguien. Rápidamente se escondió bajo la cama y vio entrar a Kath y Arturo. Guardando total silencio escuchaba su conversación. Griselda pudo darse cuenta que los dos estaban enterados de lo que ella y Carlo pensaban hacer. Arturo mientras tanto, le explicaba a Kath un ingenioso plan con el que podían desterrar tanto a Griselda como a Carlo.
Cuando ambos quedaron de acuerdo con el plan, abandonaron la habitación. Griselda salió corriendo a buscar a Carlo para contarle.