El ruido de voces y música se podía oír varios metros antes que la luz del pueblo. Pronto dejaron la oscuridad del tupido bosque y los árboles se separaban más y más formando como callejuelas. La entrada al pueblo de Boskairas estaba enmarcado por dos enormes robles que probablemente para rodearlo se necesitarían diez hombres. Y ahí entre sus ramas ocultas, se podían observar tres Boskairas armadas que vigilaban la entrada. Ady veía todo desde el suelo, oía la risa infantil y la usual vida de lo que sería un poblado cualquiera. El sonido de carretas, pero no de caballos. Desde el suelo todo era más confuso. Los llevaron a través de del pueblo hasta una enorme pared de madera, o eso creía Ady desde su perspectiva. — Máthair, sabia nuestra, cuidadora y guía de tu pueblo. Nos presentamos a

