Regresé a mi habitación y me vestí con rapidez. Aproveché cuando Pao se fue a darse una ducha para salir. Mi padre seguía tumbado en la terraza recuperando el aliento y salí de casa sin hacer ruido. Caminé sin rumbo pensando cómo Pao me había engañado. Yo qué me creía tan listo y me la había colado al completo. Empecé a pensar si todo había ido surgiendo en su mente y si ya lo había planeado desde el principio. Eran las seis de la tarde cuando me metí en una cafetería de la que no era habitual y escribí a mi madre. + Tengo que hablar contigo antes de que llegues a casa. A los cinco minutos me contestó. + Acabo de terminar con unos clientes. Dime dónde estás y voy para allá. Le dije el nombre de la cafetería y a las seis y media de la tarde llegaba con su porte elegante. Nos pedimos un

