Los Escritos de Mateo 3: Capítulo 2

1023 Palabras

Ahora no estaba sorprendido, estaba pasmado. Mi polla, como había dicho, es de buen tamaño, y ya había pensado tragársela entera desde el primer momento. De todas las tías con las que había estado, solo lo había hecho una, y no sin que le diera alguna arcada. Se sentó en la cama y me bajó los pantalones hasta hacerles caer al suelo. Mi polla parecía el mástil de un velero. Las venas se habían hinchado y el c*****o salía de la piel como una fresa sin pintas. Sin darme tiempo a más comenzó a pasar la lengua rodeándolo, como si fuera un helado de bola al que no dejaba que la nata escurriera por los lados. Después lo engulló como si fuera algo que había hecho toda la vida. Sentí como lo seguía lamiendo dentro de su boca a la vez que daba pequeñas succiones. La sangre aumentó la velocidad por

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