Cuando desperté al día siguiente ya eran las diez, y no había nadie en casa. Mis padres se habían ido a trabajar, como de costumbre, y no sabía dónde habría ido mi hermana. Desayuné y salí a la terraza. Vivíamos en un ático y la terraza era grande y deliciosa para tomar el aire y el sol con unas vistas espectaculares. Me recosté sobre una tumbona en camiseta y calzoncillos y al rato llegó Pao. Venía con varias bolsas en las manos y al entrar en la terraza la pregunté. - Donde te habías ido? - Me he levantado pronto y he pensado que necesitaría otro vestido y zapatos si salía de noche. Quieres verlo? – me preguntó entusiasmada. - Claro! – contesté sabiendo que mi respuesta la haría más feliz. – Estoy deseando verte con el puesto! Se marchó y al rato volvió enfundad

