Sus manos se aferraban a mi cabeza para apretarla contra su pecho, y su cuerpo se cimbreaba como el de una serpiente haciéndome sentir el roce de su piel. La lancé contra la cama para que callera de espaldas. Tiré del tanga y apareció la vulva rodeada de una pequeña selva de vello rizado y oscuro, como su pelo. Le abrí las piernas y hundí mi cara entre los muslos, y comencé a lamer entre la maraña de vello buscando la raja. Al momento se abría y degustaba el sabor de la carne de su interior. Y olor era intenso y eso me excitó más. Lamí de lo más bajo de la vulva hasta lo más alto buscando el clítoris, y al tocarlo con la punta de mi lengua su cuerpo dio un fuerte espasmo. — Ahhhhg! – jadeó agarrada a mi pelo. La protuberancia era grande y estaba extremadamente dura. Menudo clít

