Era imposible, cualquier cosa que le hacía la gustaba. Tire del tanga lentamente hacia abajo descubriendo lo poco que tapaba. El agujero sonrosado formaba una estrella de muchas puntas, y brillaba por el lubricante que se había puesto. Metí la mano entre los muslos y volvía a palpar la húmeda vulva. Los labios externos la cerraban formando una raja maravillosa y excitante. Pasé un dedo entre ella y percibí un ligero temblor por la excitación que denotaba su cuerpo. Tiré de mi pantalón corto hacia abajo y cayó al suelo. Me deshice de él con rapidez y agarré mi polla, que ya estaba como el tronco de un árbol centenario, y metí el c*****o entre la preciosa raja. Apreté lentamente para sentir la penetración. Su v****a se aferró a ella como si la esperase con ansiedad, y sus piernas se tensaro

