Volví a dormir como si hubiera vuelto de una guerra, pero me desperté fantástico y animado. Estaba siendo una semana inolvidable. Cuando me levanté a desayunar allí estaba Pao, fresca y resplandeciente, como una rosa que se acaba de abrir. — Que tal hermanito, has dormido bien? — Como un marajá! — Jajaja, pues yo tuve que masturbarme porque me dejaste ardiendo! — Vaya, lo siento! Fui un egoísta al no pensar en ti. — No, si lo entiendo. Menuda corrida que te pegaste! He tenido el sabor en la boca toda la noche, jajaja. — Es que estuviste fantástica! Tienes una boca increíble para esto. — Gracias! – contestó toda contenta por el halago – Espero deslumbrar a Samuel con todas tus enseñanzas. Intenté imaginarme la cara de Samuel. Seguro

