El auto de Octavio se detuvo frente a la casa de Michell.
Desde afuera ya se podían escuchar voces elevadas.
—Parece que llegamos justo a tiempo —dijo Octavio con calma, aunque su mirada mostraba preocupación.
Michell respiró profundamente antes de bajar del auto.
Su corazón latía con fuerza.
Sabía que aquella escena no sería agradable.
Cuando abrió la puerta de la casa, el ambiente estaba cargado de tensión.
Hortensia estaba de pie en medio de la sala.
Frente a ella estaba Katy.
Y Jhon caminaba de un lado a otro, visiblemente alterado.
—¡Te dije que no vinieras aquí! —gritaba Jhon.
Katy tenía los brazos cruzados y una expresión de desafío.
—¿Y desde cuándo me das órdenes? —respondió ella—. ¿O ahora te preocupa lo que piense tu esposa?
En ese momento Michell entró en la casa.
—¿Qué está pasando aquí?
Las tres miradas se dirigieron hacia ella.
Katy fue la primera en reaccionar.
—Perfecto… ya llegó la dueña del circo.
Hortensia suspiró con evidente cansancio.
—Esta mujer apareció sin avisar —explicó—. Y comenzó a gritar cosas sin sentido.
Katy soltó una risa.
—¿Sin sentido?
Luego miró a Michell.
—Dile a tu suegra la verdad.
—¿Qué verdad? —respondió Michell con frialdad.
Katy dio un paso hacia ella.
—Que ya no tienes ningún derecho sobre Jhon.
—Eso no te corresponde decidirlo a ti.
Jhon levantó la voz.
—¡Basta!
Pero Katy continuó.
—Porque mientras tú finges ser una esposa perfecta… él viene a mi cama.
La sala quedó en silencio.
Las palabras cayeron como una bomba.
Hortensia cerró los ojos un segundo.
—Qué vergüenza… —murmuró.
Michell sintió que la sangre le hervía.
Pero antes de que pudiera responder, otra voz habló desde la puerta.
—Creo que esta conversación se salió de control.
Todos se giraron.
Octavio estaba de pie en la entrada.
La mirada de Jhon se endureció inmediatamente.
—¿Qué hace este hombre aquí?
Michell respondió sin dudar.
—Está conmigo.
El silencio volvió a llenar la sala.
Jhon miró a Octavio de arriba abajo.
—¿Así que ahora lo traes a mi casa?
—Es mi casa también —respondió Michell.
Los celos comenzaron a reflejarse claramente en el rostro de Jhon.
—¿Quién es él?
Katy sonrió con malicia.
—¿No lo sabes?
Luego miró a Michell.
—Parece que tu esposa ya te reemplazó.
La tensión se volvió insoportable.
Jhon dio un paso hacia Octavio.
—Será mejor que te vayas.
Octavio no se movió.
—No vine a pelear.
—Pues eso parece.
—Vine porque Michell me llamó.
—No necesito que nadie la defienda.
Octavio lo miró fijamente.
—Tal vez ella sí.
Las palabras fueron suficientes para que Jhon perdiera el control.
—¡Fuera de mi casa!
Pero Hortensia intervino.
—¡Basta!
Todos se quedaron en silencio.
—Esto es una vergüenza —dijo ella con firmeza—. Especialmente para ti, Jhon.
Él la miró sorprendido.
—Mamá…
—No, no me interrumpas.
Luego señaló a Katy.
—Y usted debería tener un poco de dignidad.
Katy levantó una ceja.
—¿Perdón?
—Entrar a la casa de una familia para provocar un escándalo demuestra exactamente la clase de mujer que es.
El rostro de Katy se tensó.
—No sabe de lo que habla.
—Tal vez más de lo que cree.
Michell observaba la escena con atención.
Era la primera vez que veía a Hortensia enfrentarse así a Katy.
Jhon pasó una mano por su rostro con frustración.
—Esto se salió de control.
—Claro que sí —respondió Michell—. Y todo empezó cuando decidiste traerla a nuestras vidas.
Katy soltó una risa burlona.
—¿Nuestras vidas? Por favor…
Luego miró a Octavio.
—¿También le contaste que tu esposo todavía te busca por las noches?
La tensión volvió a subir.
Octavio frunció el ceño.
—Eso no es asunto tuyo.
—¿Ah no?
Katy dio un paso más cerca.
—Tal vez debería contarle lo que pasó hace unos días en su habitación.
Michell sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
Jhon miró a Michell.
—¿De qué está hablando?
Ella no respondió.
Y ese silencio fue suficiente para alimentar los celos de Jhon.
—¿Es verdad? —preguntó él.
Michell lo miró con calma.
—No tienes derecho a hacer preguntas.
Las palabras lo golpearon con fuerza.
—Soy tu esposo.
—Solo en papel.
Octavio observaba todo con atención.
Finalmente habló.
—Creo que ya es suficiente.
Katy cruzó los brazos.
—¿Y quién eres tú para decidir eso?
Octavio sacó una carpeta de su bolso.
—Alguien que sabe más cosas de las que deberías permitir.
La sonrisa de Katy desapareció por un segundo.
—¿Qué significa eso?
Octavio sacó una fotografía y la dejó sobre la mesa.
Era una de las fotos que le había mostrado a Michell.
El rostro de Katy cambió apenas.
—¿De dónde sacaste eso?
Jhon miró la foto confundido.
—¿Qué es esto?
Octavio respondió con tranquilidad.
—Una reunión interesante.
Luego miró a Katy.
—Con personas muy interesantes también.
Hortensia frunció el ceño.
—¿Qué está diciendo?
Octavio mantuvo la mirada fija en Katy.
—Estoy diciendo que esta mujer no está aquí por amor.
El silencio cayó como una losa.
—Está aquí por dinero.
Katy intentó mantener la calma.
—Eso es ridículo.
—¿Seguro?
Octavio abrió la carpeta.
—Porque tengo varias fotos más.
El rostro de Katy comenzó a tensarse.
—Esto es acoso.
—No.
Octavio habló con firmeza.
—Es investigación.
Jhon miraba a ambos confundido.
—¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Michell cruzó los brazos.
—Tal vez deberías preguntarle a tu novia.
Katy respiró profundamente.
—Esto es una trampa.
—No —respondió Octavio—. Es la verdad.
Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente Katy tomó su bolso.
—Esto no se va a quedar así.
Miró a Michell con odio.
—Tú vas a pagar por esto.
Luego salió de la casa dando un portazo.
El silencio quedó flotando en la sala.
Jhon miró a Octavio.
—Quiero saber qué significa todo esto.
Octavio cerró la carpeta.
—Significa que deberías empezar a preguntarte quién es realmente la mujer con la que te metiste.
Jhon lo miró con rabia.
—No confío en ti.
—No necesitas confiar en mí.
Octavio miró a Michell.
—Solo necesitas escucharla a ella.
Después de unos segundos, Octavio se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, se volvió hacia Michell.
—Te llamaré.
Ella asintió.
Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó.
Jhon la miró fijamente.
—¿Desde cuándo?
—¿Desde cuándo qué?
—Desde cuándo estás con él.
Michell sostuvo su mirada.
—Desde que tú dejaste de ser mi esposo.
Las palabras lo dejaron sin respuesta.
Y por primera vez…
Jhon comenzó a comprender que estaba perdiendo algo que quizá ya no podría recuperar.
La puerta se cerró detrás de Katy con un golpe seco que resonó por toda la casa.
El silencio que quedó después fue incómodo y pesado.
Jhon seguía de pie en medio de la sala, mirando la puerta como si esperara que Katy regresara en cualquier momento. Sus manos estaban tensas, y su respiración era irregular.
Michell lo observaba desde el otro lado de la habitación.
Por primera vez en mucho tiempo, no sentía rabia… solo cansancio.
—¿Así que ahora él es tu defensor? —dijo Jhon finalmente sin mirarla.
Michell cruzó los brazos.
—No necesito defensores, Jhon. Solo necesito que dejes de destruir lo poco que queda de nuestra vida.
Jhon soltó una risa amarga.
—¿Nuestra vida? Tú ya estás con otro hombre.
—Tú comenzaste todo esto —respondió Michell con calma.
Jhon finalmente la miró.
Había algo diferente en sus ojos.
No era solo rabia.
Era miedo.
—No sabes con quién te estás metiendo —dijo él.
Michell frunció ligeramente el ceño.
—¿Hablas de Octavio o de Katy?
Jhon no respondió inmediatamente.
—Ese hombre… —dijo después—. No confío en él.
—Curioso que ahora te preocupe eso.
—Lo digo en serio.
—¿Y cuándo te preocupaste por mí? —preguntó Michell.
Jhon apretó los labios.
Antes de que pudiera responder, Hortensia habló desde el sofá donde se había sentado durante toda la discusión.
—Ya basta los dos.
Ambos guardaron silencio.
Hortensia los miró con tristeza.
—Esta casa antes estaba llena de paz… y ahora parece un campo de batalla.
Ninguno respondió.
—Jhon —continuó ella—, tienes que empezar a pensar con claridad.
Él bajó la mirada.
—Mamá, no sabes todo lo que está pasando.
—Tal vez no —dijo ella—, pero sí sé que estás perdiendo algo muy valioso.
Jhon levantó la mirada hacia Michell.
Ella no dijo nada.
Pero su silencio fue más fuerte que cualquier respuesta.
Anthony apareció en la escalera en ese momento.
—¿Mamá…?
Michell giró rápidamente.
—¿Qué pasa, hijo?
—Mateo se despertó… escuchó los gritos.
Michell sintió una punzada en el pecho.
Todo aquello ya estaba afectando a sus hijos.
Subió las escaleras rápidamente.
Jhon se quedó mirando cómo se alejaba.
Y en ese instante, algo dentro de él comenzó a cambiar.
Porque por primera vez…
empezaba a darse cuenta de que tal vez había cometido el peor error de su vida.