Aquella noche casi no dormí. El sonido de la lluvia golpeando los ventanales seguía resonando en mi cabeza, mezclándose con la imagen de Jhon gritando en el porche de la casa y ese auto que había desaparecido en la oscuridad. ¿Era Katy? No necesitaba que nadie me lo confirmara para saberlo. Algo estaba cambiando. Y no solo en la investigación de Octavio. También en el comportamiento de Jhon. A la mañana siguiente me levanté más temprano de lo habitual. Bajé las escaleras en silencio y encontré la casa todavía tranquila. Leo estaba en la cocina preparando el desayuno. —Buenos días, Michell —dijo en voz baja—. Pensé que seguiría durmiendo. —No pude —respondí. Leo me miró unos segundos. —¿Pasó algo anoche? —No exactamente —contesté—, pero siento que algo está por pasar. Ella no pre

