Aquella tarde la oficina estaba extrañamente silenciosa. Había terminado de revisar unos documentos cuando noté algo extraño sobre mi escritorio. Entre las carpetas y papeles había un sobre color beige que no recordaba haber visto antes. Fruncí el ceño. —¿Quién dejó esto aquí? —murmuré para mí misma. Miré alrededor de la oficina, pero no había nadie. La puerta estaba cerrada y el pasillo se escuchaba tranquilo. Tomé el sobre con cierta desconfianza. No tenía remitente. Solo mi nombre escrito con tinta negra. Michell. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Abrí el sobre lentamente y saqué lo que había dentro. Era una fotografía. Cuando la miré, sentí que el aire se me quedaba atrapado en el pecho. —No puede ser… Era Katy. No había duda alguna. Su cabello rubio, su forma de m

