La herida del orgullo

1737 Palabras

La sonrisa de Katy al otro lado de la calle me dejó inmóvil por un instante. No era una sonrisa de sorpresa. Era una sonrisa de triunfo. Como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, pero no le di el gusto de mostrar miedo. Enderecé los hombros, saqué las llaves de mi bolso y entré a la casa sin volver a mirarla. Apenas cerré la puerta tras de mí, apoyé la espalda en la madera y solté el aire lentamente. Sabía lo que venía. Katy no era una mujer que guardara un descubrimiento así para sí misma. Iba a usarlo. Iba a retorcerlo. Iba a buscar la forma más cruel de convertirlo en un arma. —¿Michell? —llamó Hortensia desde la sala—. ¿Ya llegaste? —Sí —respondí, intentando que mi voz sonara normal. Entré al salón y la encontré te

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