—Lady Campbell, ante todo soy un caballero. No tenga dudas de que no la forzaré a nada que usted no desee —asentí; no dudaba de ello—. Sin embargo, debo decir que estoy muy sorprendido. Nunca esperé que me dijera eso. —Prefiero ser sincera; no me gusta decir lo que a otros les gustaría escuchar, sino lo que sale de mi corazón sin excepción, incluso a usted. No es nada personal; simplemente debe saber que soy una dama de ideales firmes. El brillo del oro me parece vano y aprecio los sentimientos genuinos —para comenzar aquello debía dejarle claros mis principios. Si no le convencían, era mejor no intentarlo siquiera; un hombre como él no debía perder tiempo buscando esposa siendo alguien tan ocupado—. Me inquieta igualmente que no se sienta del todo satisfecho con mi condición. Soy una muj

